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[The Scientist] Capítulo 4: Sobre Mi Hermana

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Kurtis XY
Vie Ene 23, 2009 10:43 pm  

4 de marzo.

Habían transcurrido casi treinta minutos desde la última vez que Aaron Stuart había preguntado por la ubicación de su hija a Carolina Hodge. Desde entonces, la madre de ésta había intentado persuadirlo de varias maneras para que las liberara. Para entonces, Aaron ya había comenzado a aburrirse de aquel juego y quería ponerle fin rápidamente, por lo que decidió recurrir a algo que él no quería.

-Si no me dicen dónde está mi hija, tendré que obligarlas a decírmelo.- Afirmó, dirigiéndose a las escaleras para subir al segundo piso.

-¿Dónde vas?- Preguntó Catherine, con tono preocupado.

-A buscar a tu hija pequeña.- Respondió él, con demasiada naturalidad.

-¡No!- Exclamó Carolina, enfureciéndose aún más que Catherine.- ¿Vas a matarla como lo hiciste con mi padre?- Inquirió Carolina, desafiante, con llamas en los ojos.- ¡Eres un maldito!- Le gritó.

Aaron se esforzó por no verse herido por las recientes palabras y comenzó a subir las escaleras nuevamente, ante el rostro sorprendido de Carolina y Catherine.

-Te contaré qué pasó con tu hija.- Dijo Carolina, levantando la vista, para que sus ojos se encontraran con los de Aaron.- Pero antes, debo decirte que eres una rata.

-Acepto el apodo y espero la historia.- Añadió Aaron, sentándose en las escaleras, sin soltar su revolver en ningún momento.

De pronto, Carolina comenzó a llorar, ante la mirada sorprendida de su madre, que sólo atinó a abrazarla.

-Lo que pasa es que… Esta historia aún me deprime.- Dijo, entre sollozos. Intentó calmarse y continuó.- Cuando mataste a mi padre, decidimos huir de Inglaterra. Teníamos miedo, porque pensamos que podrías estar buscándonos a nosotras ahora. El problema fue que nos teníamos que ir muy lejos y no podíamos tomar un tren simplemente, para irnos a otro lugar de Europa, por lo que tomamos un avión. El vuelo me provocó algunos problemas y…- Las lágrimas brotaron de sus ojos nuevamente.- Y perdí a mi hija a penas pisé suelo en Chile.

Durante un rato, el silencio reinó en casa de las Hodge. Aaron miraba sorprendido a Carolina que lloraba a mares, siendo consolada por su madre que se veía muy triste también.

-¿La pudiste ver?- Preguntó, con un hilo de voz. El rostro de Carolina se iluminó nuevamente.

-Sí.- Respondió, sonriendo.- Tenía el pelo claro, como yo, y tu boca.

Aaron se puso de pie, suspirando con amargura. Dejó su revolver sobre la mesa, acercó un cuchillo a las mujeres y caminó hacia la puerta. Sin mirarlas a los ojos, les dijo:

-Yo voy a viajar ahora. Como los cargos por el asesinato ya expiraron volveré a Inglaterra… Hace mucho tiempo que tengo ganas de volver.

Dicho esto, Abrió la puerta y salió por ella, convencido de que su hija estaba muerta.
A Carolina y Catherine les llevó un rato desprenderse de sus ataduras. Cuando lo lograron, se sentaron en los sofás de las salas de estar, agotadas.

-Eres muy buena actriz.- Le dijo Catherine a su hija, sonriendo.- Deberías dedicarte a eso.

Carolina sólo sonrió y miró el reloj. Era hora de despertar a Natalie para que comiera algo. Subió las escaleras, caminó al cuarto de la niña y abrió la puerta. Ella aún dormía.

-¡Oye!- Le susurró.- ¡Despierta!

Casi al instante, la pequeña Natalie abrió sus ojitos para ser deslumbrada por la luz del día. La hora de su siesta ya había pasado y tenía hambre. Su estomago sonó fuerte.

-Parece que tienes hambre.- Señaló Carolina.- Anda a lavarte la cara y las manos. Mi mamá te está preparando algo para comer.

-Es mi mamá.- Respondió la niña, que modulaba muy bien para tener escasos años.

La pequeña corrió hacia el baño, mientras Carolina la observaba con una gran sonrisa en su rostro. Siempre discutía por la propiedad de su madre, enfatizando que Catherine era su mamá. Lo que la pequeña Natalie Hodge no sabía era que su verdadera madre era la joven a la que llamaba hermana… Su verdadera madre era Carolina.
Luego de tres días de mi muerte, adquirí una capacidad que cualquier persona como tú desearía tener: la omnisciencia. Esta habilidad me permite conocer los pensamientos de todas las personas… Y eso incluye los secretos ¿Sabes por qué los humanos no tienen esta habilidad? Es por su propio bien… Para salvar sus vidas ¿Qué crees que habría pasado con Carolina y Catherine si Aaron hubiese podido leer sus mentes? Las habría matado, por mentirle con algo tan importante como su hija. Es por eso que los humanos comunes no pueden conocer los secretos de los demás, porque de saberlos, muchas más vidas se perderían año a año y transformarían a los sujetos que nos parecen más inocentes, en verdaderos criminales.
Kurtis XY
Vie Ene 23, 2009 10:42 pm  

4 de marzo.

Ariel Antonio Zúñiga Salinas se encontraba tendido sobre su cama, aún con el uniforme puesto. A diferencia de otros afortunados que volvieron a casa para tener toda la tarde libre, él fue maldecido con dos pequeñas tareas, pero que le parecían fastidiosas y aburridas.
Luego de tenderse en su cama unos instantes, se puso de pie con agilidad, buscó su mochila con la mirada, caminó hasta ella y sacó los cuadernos para realizar sus tareas lo antes posible. Fue hacia su escritorio y encendió la luz, abriendo el cuaderno de matemáticas.
Para Ariel, las matemáticas, como para la mayoría de los humanistas, eran una maldición sin razón de ser. Es por esto que con solo abrir su cuaderno y contemplar la serie de ejercicios que le esperaban, ya se había agotado. Se demoró alrededor de 15 minutos en realizar los ejercicios y así terminar esa tarea. Sacó el cuaderno de Lenguaje y Comunicación que había dejado debajo del de matemáticas para realizar su tarea. Sin embargo, antes siquiera de leer la temática de la tarea, la palabra Leguaje le trajo a la mente el rostro de Tatiana Ortiz, su profesora favorita.
Cuando la conoció esa mañana, no el llamó mucho la atención. Pero a medida que pasaba la hora, se sorprendió por la manera en que ésta mezclaba sus lecciones con el humor, haciéndolas mucho más amenas. Recordó uno a uno los momentos en que la profesora empleó el sarcasmo para sacar algunas risas, o como ponía los ojos en blanco siempre que se equivocaba o realizaba un comentario absurdo.
De pronto, su lápiz se cayó al suelo, haciéndolo volver en sí. Miró su cuaderno y se percató de que su trabajo era un pequeño repaso sobre los mundos literarios. Leyó una a una las descripciones del los mundos. Al leer la definición del Mundo Mítico, le llamó la atención que los protagonistas fuesen generalmente dioses o semidioses… A pesar de que eso ya lo sabía. “La que realmente es una diosa, es la profesora Tatiana”, pensó, casi automáticamente.

-¿Qué?- Se preguntó a sí mismo.

Intentó concentrarse en su tarea, pero no lo logró. Finalmente, cerró su cuaderno y se dio por vencido… Algo no lo dejaba pensar con claridad y sabía que era.



Se sentó en su cama y se tapó el rostro con ambas manos para poder pensar. Se recostó nuevamente y comenzó a reflexionar, como se había prometido que lo haría hace algunas horas.
¿Estaba enamorándose de su profesora?, era la pregunta a la cual debía responder. Sólo se había enamorado una vez en su vida y lo pasó realmente mal, porque no fue correspondido. A pesar de que era un gran conquistador, esa vez sus encantos no surgieron efectos. Supo luego que la chica se marchó de la ciudad y nunca más supo de ella… Creyó que no se recuperaría nunca, pues ella se marchó sin siquiera conocer de su existencia. “Si me fue tan difícil conquistar a una chica de mi edad, ¡cómo será si lo intento con una mujer mucho mayor!”, pensó, “definitivamente, me tengo que olvidar de la profesora Ortiz”. Sin embargo, de aquí en adelante las cosas no serían tan fáciles para Ariel Zúñiga. Su corazón sería más fuerte que su razón, lo que lo metería en un montón de problemas.

*****


Años Atrás…

Ese día se cumplía el séptimo mes de embarazo de Carolina Hodge… Y la misma cantidad de tiempo desde la última vez que la familia vio a Aaron, el padre del bebé.
Carolina llegaba de su última ecografía, hecha en 3D, con la que pudo conocer el sexo de su bebé… Sería una niña.
Entró a su habitación, dejando su bolso sobre la cama despreocupadamente, para caminar con agilidad hacia la sala de estar, donde sus padres conversaban. Estaba ansiosa por mostrar las fotografías de su hija.
Se paró delante de ellos, sin pronunciar palabra, esperando llamar su atención de alguna manera. Como no lo consiguió, les habló.

-¿Hola?- Los llamó, con alto volumen en su voz.- Llegué de mi ecografía, ¿no quieren saber cómo me fue?- Preguntó, esperando una afirmativa como respuesta.

Sus padres la miraron durante un rato, poniéndola evidentemente nerviosa.

-Hace siete meses que no sabemos nada de tu novio… O ex novio, no estoy seguro ya.- Afirmó su padre, con autoridad. Carolina bajó la mirada.

-Tu padre estuvo investigando durante esta semana y descubrió donde se está escondiendo.- Agregó su madre, revisando las imágenes de la ecografía.- Esta noche planea aparecerse por allá.

-Pero…- Protestó Carolina.

-No te hemos preguntado tu opinión.- Interrumpió Nicholas, severamente, poniéndose de pie.- Sólo te avisamos… Por respeto.

Esa misma noche, Nicholas Peter Hodge Bennett realizó una visita a Aaron, el chico que dejó embarazada a su hija. Para no causar revuelo, ni nada por el estilo, fue sin guardias ni policías, una decisión bastante peligrosa para un millonario, considerando la peligrosidad del vecindario donde Aaron se escondía.
Vestido casualmente, caminó por una oscura calle. Caminaba evidentemente nervioso, pero llevaba un arma para protegerse, en caso de cualquier cosa. Las calles de ese vecindario se notaban muy sucias, con numerosos papeles botados a ambos lados de la calle. Hasta el momento no se había encontrado con más personas por el lugar, por lo que no tenía motivos para temer.
Cuando llegó a la casa donde Aaron se ocultaba, revisó disimuladamente su arma, para ocultarla muy bien en su parte posterior. Subió las pequeñas escaleras delante de la puerta principal, dudó un rato y luego tocó el timbre. El mismo Aaron le abrió la puerta.
Antes de poder articular ninguna palabra, Aaron intentó cerrar la puerta rápidamente, pero Nicholas, haciendo gala de sus buenos reflejos, puso el pie para impedírselo. Con fuerza, volvió a abrir la puerta.

-Hola Aaron.- Saludó, una vez estuvo dentro. El muchacho lo observaba con cierto temor y coraje.

-Ho…- Tartamudeó Aaron, antes de ser interrumpido.

-No es necesario que me saludes, vengo a hacer una… Pequeña visita, solamente.- Agregó Nicholas, con naturalidad.- ¿Estás solo?

-Sí…- Respondió Aaron, relajándose un poco.

-Qué bien.- Dijo, mientras Aaron se acercaba peligrosamente a la cocina. Nicholas se preparó para sacar su arma.- Lo que tengo que decir es muy corto. Te ofrecí un trabajo y tú lo aceptaste, o eso me dijiste ¿Qué pasó?

-No estoy interesado.- Comentó, amenazante y cortante. Esto hizo enfurecer a Nicholas.

-Yo tampoco estoy interesado en criar a tu hijo.

En ese momento, Aaron sacó una pistola que escondía debajo de un mueble de cocina. Rápidamente, Nicholas respondió sacando su propia arma.

-¿Pensaste que vendría a visitarte sin precauciones?- Inquirió Nicholas, ladeando la cabeza irónicamente, mientras Aaron expresaba su angustia con el rostro.

Ambos se miraron un rato, apuntándose sin parpadear. Un ambiente de tensión reinó un largo rato, donde ninguno de los dos se movió. Nicholas, cansado de esperar, se acercó lentamente a Aaron.

-No quiero hacerte daño.- Afirmó Nicholas, con sinceridad.- Sólo quiero que apoyes a mi hija en todo esto.

En poco tiempo, Nicholas estuvo a pocos centímetros de Aaron. Éste último se veía cada vez más nervioso.
De pronto, Nicholas saltó el mueble de cocina y se enfrentó a Aaron. Soltó su arma con la intención de quitarle la suya a Aaron. Forcejearon uno contra otro largo rato, uno intentando apoderarse de la pistola, y otro intentando conservarla. Sonó un disparo.
Así, Nicholas Hodge calló lentamente al suelo. Pudo sentir perfectamente el momento en que la bala de la pistola perforó su piel, provocándole una fuerte quemazón. Poco a poco, su respiración se volvió más entrecortada, mientras veía a Aaron, su asesino, caminar de un lado a otro… Al parecer tenía todo listo para escapar. Finalmente, Nicholas Hodge cerró los ojos por última vez.
Esa misma noche, Aaron Stuart se escapó en un vuelo que había reservado hace algunos días.

*****




Años atrás…


La angustia se hacía evidente en el rostro de Catherine y Carolina Hodge, a la mañana siguiente de la visita de Nicholas a Aaron. Su esposo y padre no había llegado a dormir, por lo que las tenía muy preocupadas.
Hace algunos instantes habían llamado a la policía reportando su desaparición. Como era un personaje importante en su ciudad, el personal de investigaciones accedió prontamente a buscarlo, a pesar de no seguir las reglas comunes. Mientras tanto, las dos mujeres esperaban en la sala de estar.

-¿Crees que le pasó algo?- Preguntó Carolina, sentada en el sofá.

-No lo sé… Espero que no. Igualmente llevaba protección…- Respondió Catherine.

-¿Protección?- Inquirió Carolina. Su madre la miró, con rostro inescrutable, para continuar caminando de un lado a otro con impaciencia.

-Llevó una pistola.

-¿Para qué?- Cuestionó Carolina, alarmada.- Si le hizo daño a Aaron, yo…

-¡No puedo creer que te preocupes más por ese vagabundo que por tu padre!- Gritó Catherine, furiosa. Carolina la miró desafiante.

Aquella acalorada discusión fue interrumpida por el sonido del timbre. Catherine corrió a la puerta para abrirla, deseando que fueran noticias de su esposo.
Efectivamente, cuando abrió la puerta, un par de policías entró en la morada. Ella los siguió para escuchar las nuevas noticias.

-Señora Hodge.- Comenzó uno de ellos, alto y rubio, con rostro severo.- Preferiríamos que tomara asiento para escuchar la noticia que le tenemos.

Catherine obedeció, temiendo lo peor. Carolina tomó una de las manos de su madre.

-Señora Hodge.- Continuó el otro, más bajo y de cabello oscuro.- Lamentamos informarle que su marido… Fue asesinado.

El policía hizo una pausa, para esperar la reacción de las mujeres. Carolina se tapó el rostro con sus manos y escondió la cabeza entre las piernas. Catherine, en tanto, permaneció seria, mirando fijamente al policía de cabello oscuro.

-Aún no sabemos quién cometió el delito, pero no descansaremos hasta detenerlo.- Afirmó el policía.

-Gracias.- Atinó a responder Catherine, poniéndose de pie.- Los llevo a la salida.

Rápidamente, Catherine llevó a los policías a la entrada, se despidió de ellos y subió las escaleras.

-¿Dónde vas?- Preguntó Carolina, con los ojos rojos, cuando su madre pisó el primer escalón.

-A hacer las maletas.- Respondió ella, girando sólo la cabeza.- Luego del entierro de tu padre nos iremos de aquí. A un lugar lejano… Muy, muy lejano, donde el vagabundo de tu ex novio no nos encuentre. No quiero que mi nieto se críe en la misma ciudad donde él vive.

-¿Y mi embarazo?- Preguntó Carolina, cuando su madre pisó el segundo escalón. Catherine dudó un momento.

-Correremos el riesgo.- Sentenció, para subir las escaleras completamente y dirigirse a su habitación.

Una vez cerró la puerta con llave detrás de ella, Catherine Parker viuda de Hodge, como se decía ella misma desde ahora, lloró largo rato. Normalmente le preocuparía que las lágrimas mancharan y afearan su rostro, pero ahora no le importaba… Incluso disfrutaba el roce de éstas con su piel, pues la liberaba de la tristeza. Cuando tuvo los ojos demasiado secos para continuar, abrió su armario, sacó una maleta y puso toda su ropa en el interior de ella. Cuando logró cerrarla, realizó el mismo procedimiento, pero con otras vestimentas. Finalmente, sacó un mapa que guardaba su esposo y buscó un país muy alejado de toda Europa… Así fue como Catherine Parker encontró Chile, un país casi al fin del mundo.
Al día siguiente se produjo el entierro de Nicholas, y al subsiguiente viajaron a Chile para erradicarse ahí.
Kurtis XY
Vie Ene 23, 2009 10:39 pm  

4 de marzo.

Ese día no solamente era el primer día de clases para los alumnos, sino que también para los profesores, aunque ellos se habían estado preparando unos días antes. Para Tatiana Ortiz, los primeros días eran excitantes y misteriosos. Este año le correspondía la jefatura de un tercero medio, donde la mayoría serían compañeros nuevos. Era un curso humanista donde no estaba ninguno de sus dos hijos: Carolina porque había elegido una especialidad científica –aunque quedó en el peor curso de este tipo-, mientras que Esteban aún no llegaba a tercero medio.
Cuando entró a la sala de clases ningún alumno logró captar mayormente su atención. Pudo ver, a grandes rasgos, a una chica rubia que estaba sentada junto a un joven bronceado y atlético. Por la cercanía entre ellos dedujo que eran novios. Continuando con sus deducciones por cercanía, se dio cuenta de que muchos amigos habían quedado juntos, mientras que otros, más lejanos a sus compañeros, parecían no conocerlos.

-Buenos días.- Los saludó, luego de observarlos un rato.

-Buenos días.- Respondieron todos, al unísono, poniéndose de pie.

Tatiana, sin hablar, hizo un ademán para que tomaran asiento, mientras se acercaba a su escritorio y se sentaba en la mesa, informalmente. Durante un minuto, reinó el silencio.

-Quizás muchos ya me conocen, porque en este instituto cada profesora es leyenda.- Comenzó.- Y los que no me conocen por el instituto, me conocen por algunas noticias recientes en los diarios.- Agregó, refiriéndose al suicidio de Verónica de hace algunos días.- Probablemente les han dicho que soy buena onda, simpática y qué sé yo que más. Pero les quiero aclarar que todo es mentira.- Durante un rato, miró con rostro serio y cruel a los alumnos, provocando cierto pánico en todos. Luego continuó.- Es broma.- Aclaró, riéndose.

Así, Tatiana Mar Ortiz Valenzuela continuó presentándose a los cuarenta alumnos de su clase. Cada vez que bromeaba sacaba risas de sus alumnos, como acostumbraba hacerlo, utilizando como arma fuerte el sarcasmo que caracterizaba a los Ortiz, y que ninguno de sus hijos heredó, pero que se hizo presente en Samuel, su sobrino. Casi sin darse cuenta, ya habían transcurrido los primeros cuarenta y cinco minutos de clases, por lo que decidió comenzar rápidamente con una prueba de diagnóstico.

-¿Quién quiere entregarlas?- Preguntó, alzando las hojas con una mano. El primero en ofrecerse fue un chico alto, de cabello claro y piel blanca.- ¿Cuál es tu nombre?- Le preguntó.

-Ariel Zúñiga.- Respondió.

Ariel Antonio Zúñiga Salinas era primo de Joaquín Zúñiga, el mejor amigo de Valeria Terán. La relación con su primo siempre había sido lejana, aunque eran muy parecidos psicológicamente. Pero, por alguna razón, prefería tener su propio grupo de amigos, que no incluyeran familiares.
Rápidamente, Ariel entregó las pruebas a cada uno de los integrantes, dejando una para sí mismo.
En menos de media hora, todos habían respondido a las preguntas de la prueba, menos Ariel, que no podía recordar muchas cosas del año anterior. Revisaba una y otra vez sus pensamientos, sintiendo impotencia al no poder recordar cosas que el año pasado parecían tan simples. Los quince minutos restantes de la hora pasaron fugazmente y Ariel se quedó solo en la sala de clases, acompañado por su profesora.

-Ya se acabó el tiempo.- Señaló Tatiana, con autoridad.

-Sí, lo sé.- Dijo Ariel, escribiendo con rapidez. Tomó la hoja entre sus manos y la observó… Evidentemente no la aprobaría. De alguna manera, agradeció que fuera sólo un diagnóstico.- Está bien. Tome.- Casi temblando, entregó su prueba a Tatiana.- No pude recordar nada.- Agregó.

Tatiana lo miró un rato, con la cabeza ladeada y evidente compasión en el rostro. Se sentó a su lado para conversar un rato con él.

-Esas cosas pasan de vez en cuando.- Le consoló.- Es mejor que te pasara ahora y no en una prueba definitiva en el futuro. Además, podrás reforzar lo que no sabes… Para eso estoy yo.

Profesora y alumno se miraron un instante. Él agradeció las palabras de aquella mujer mucho mayor que él. Observó el rostro y las facciones de su profesora. Se veía más joven de lo que realmente era. Además, durante la clase, demostró su gran dominio del lenguaje y también gran sabiduría y cultura general.
Tatiana se retiró de la sala de clases, dejando a Ariel sentado en su lugar. El chico, un poco atontado, se golpeó la cabeza para quitar los pensamientos que lo rondaban. “¿Acaso estoy sintiendo atracción por mi profesora?”, se preguntó. Para no pensar más en el asunto, se levantó del asiento. Quizás tendría tiempo para meditarlo más tarde… Pero esperaba estar equivocado.

*****


4 de marzo.

El resto del día transcurrió en total tranquilidad para todos los integrantes del Instituto Lewis. Ni siquiera “Las Caro´s” realizaron ningún tipo de disturbios, algo que era totalmente habitual en ellas. Lo realmente emocionante vino a la hora del fin de las clases.
Eras las 16:30 hrs., cuando todos los alumnos del Instituto Lewis se dirigieron a la entrada principal para salir del establecimiento y dirigirse a sus casas, algunos a descansar, otros a comenzar con los primeros deberes escolares del año.
Una de las personas que se iba a descansar a casa era Carolina Hodge, la “inglesa”, que ese día no llevaba deberes escolares. Junto a sus amigas, se encontraban en medio de una multitud de gente, que incluía alumnos desde primero hasta cuarto medio. Para mayor comodidad, esperaron que la gente comenzara a retirarse para poder irse ellas, pues no les gustaba cruzar los mares de personas, pues alguien podía toquetearlas. Eran casi las 17:00 hrs., cuando gran parte de la gente se retiró a su hogar y recién entonces, las cuatro Carolinas se despidieron, tomando cada una se rumbo.
Carolina Hodge tomó el mismo camino que la guiaba a su casa. Al contrario de sus amigas, no tomaba taxis, ni se iba en su propio auto, pues disfrutaba de las caminatas. Realmente le agradaba la temperatura de ese día. Aún era verano, por lo que el clima era cálido, pero fresco a la vez, algo totalmente extraño para ella que había vivido la mayor parte de su vida en Inglaterra, donde el tiempo frío es extremadamente helado, y el caluroso extremadamente caliente.
Como de costumbre, estuvo en su casa a las 17:30 hrs. Tocó el timbre, pero nadie le abrió la puerta. Revisó su mochila rosada para ver si traía llaves, pero tampoco las tenía. Se giró hacia el jardín y caminó hacia las bancas en las que se sentaba siempre que no tenía nada que hacer, mientras planeaba en qué pensar mientras esperaba que llegara su mamá… Pero no se le ocurrió ningún tema interesante. Tomó asiento, sacó su MP4 de la mochila, se puso los auriculares y presionó el botón de “Play”, para comenzar a escuchar música… Así estuvo un buen rato.
De pronto, mientras escuchaba “Keeps gettin´ Better” de Christina Aguilera –su más grande ídola- sintió como unas masculinas manos se posaban en sus hombros. Alarmada, se giró para ver de quién se trataba.

-Tú…- Murmuró, sorprendida y asustada.

-Hola, cariño.- La saludó el chico, con un español no muy bueno.

Rápidamente, Carolina Hodge se desprendió de su artefacto multimedia, se puso de pie y comenzó a correr, terriblemente asustada. Como nunca había sido muy buena corredora, al poco andar se tropezó con sus propios pies. El chico caminó hacia ella, la tomó por el brazo, la puso de pie y la tomó en brazos.

-¡Suéltame, Aaron!- Exclamaba, mientras desaparecía por la puerta que daba al jardín trasero.

Flashback

Años Atrás…

En la sala de estar de su casa en Inglaterra, Carolina Hodge estaba sentada al lado de Aaron Stuart, su actual novio. En frente de ellos, Nicholas Hodge y Catherine Parker –que en ese tiempo se apellidaba Hodge también-, los miraban con impaciencia.
Obviamente, su diálogo era en inglés. No era necesario que se expresaran en español, pues aún no estaban en Chile. Pero para hacerte las cosas más fáciles, te contaré su diálogo español.

-Entonces…- Comenzó Catherine.- ¿Qué es lo que nos tienen que decir con tanta urgencia?

Los dos jóvenes se miraron un instante, dubitativos. Aaron realizó una mueca a Carolina para que fuese ella quien contara la noticia, pues él estaba muy nervioso. Carolina contestó con un rostro de enfado. Con resignación en el rostro, miró a sus padres, levantando el rostro para darse valor.

-Lo que les tenemos que contar es que…- Hizo una pausa, para tomar aliento y continuar.- Es que… Estoy embarazada.

Una vez dicha la frase, bajó su cabeza avergonzada. Su padre se puso de pie, un poco eufórico. Su madre bajó la cabeza también, pero se tapó el rostro para cubrir sus lágrimas de decepción. Aaron observaba las actitudes de los demás con total relajo.

-Pero- Continuó Carolina.- No se preocupen. Aaron dice que me va a apoyar en todo y que va a ser un padre presente…

Carolina no pudo terminar la oración, pues los ojos de su padre se posaron en ella. Aunque no los vio, pudo sentir la rabia que emanaba de ellos. Además, se percató de que Aaron sintió el mismo temor, pues su anterior relajo desapareció.

-¿Y como te va a ayudar?- Preguntó Nicholas, gritando enfurecido.- ¿Con su sueldo de DJ?

Las palabras de su padre hicieron llorar a Carolina. Nuevamente bajó su cabeza, tapando su rostro para ocultar sus lágrimas. Esta vez, Aaron se acercó a ella y la abrazó.

-Pero Nick- Habló Aaron, por primera vez, refiriéndose a su suegro, siento tan confianzudo como siempre.- Yo voy a estar con la Caro siempre. Quizás tenga algunos problemas al principio, pero puedo buscar un mejor trabajo. Tú mismo me lo podrías dar en tu empresa. En una entidad tan grande siempre necesitan nuevos empleados.

Durante un instante, Nicholas fulminó con la mirada a Aaron. Éste se puso muy nervioso, pero trató de ocultarlo lo más que pudo.

-Llévate a la niña a la cocina.- Ordenó a Nicholas a su mujer, quien tomó a Carolina por el brazo y salió rápidamente de la sala de estar, dejando a ambos hombres solos.

Mientras Nicholas y Aaron conversaban en la sala de estar, Carolina y su madre aguardaban con nerviosismo el resultado del diálogo de los dos hombres. Ninguna se atrevía a mirar a la cara a la otra. Para disimular aquel tenso ambiente, Catherine puso a hervir un poco de agua para preparar té, mientras Carolina abrió el refrigerador, con la excusa de preparar sándwiches o algo por el estilo. Por suerte para ambas, Nicholas llegó pronto a la cocina… Solo.

-¿Qué pasó?- Preguntó Carolina, al percatarse de que Aaron no venía con él.

-Tranquila hija.- Le respondió Nicholas, con una sonrisa en su rostro.- Es un buen muchacho. Le ofrecí un buen empleo en la empresa y creo que lo aceptará. Dijo que volvería mañana con la respuesta, pero es una oportunidad única que no rechazará.- Afirmó Nicholas, con seguridad.

Carolina, aliviada, abrazó a su padre con una gran sonrisa en el rostro. Catherine, al contemplar aquella hermosa situación, corrió a los brazos de su esposo, para ejecutar un triple abrazo en familia.
Sin embargo, la felicidad de los Hodge fue temporal. Al día siguiente, Aaron no se presentó para aceptar el trabajo que le ofrecía Nicholas… Tampoco lo hizo al siguiente, ni al subsiguiente. Realmente, nunca apareció.

Fin Flashback



En la cocina de su propia casa, Catherine y Carolina Hodge se encontraba atadas de manos y pies, ante un peligroso Aaron que las amenazaba con la mirada. La más pequeña de las Hodge, Natalie, dormía tranquilamente en su alcoba.
Carolina tenía la vista fija en el suelo, mientras su madre permanecía vigilante a los movimientos de Aaron que, hasta entonces, sólo había caminado de un lado a otro con su revólver en la mano.

-¿Qué demonios es lo que quieres?- Le preguntó Catherine, luego de varias horas de espera.

Aaron la miró, ladeando la cabeza en señal de no entender. Catherine lo observó fijamente, con rabia e impotencia.

-Pensé que ya lo había dejado claro.- Dijo Aaron, tomando asiento en una silla cercana, mientras observaba su pistola. Se puso de pie y caminó hacia Carolina, se agachó y la miró fijamente.- Quiero saber dónde está mi hija.

Carolina lo miró asustada, sin pronunciar palabra. No se atrevía a gritar por temor a que una bala del revolver lastimara mortalmente a ella o a su madre. Bajó la vista nuevamente, sin responder la pregunta de Aaron. Él se puso de pie y volvió a sentarse. Probablemente sería una larga tarde… A menos que encontrara una forma de hacerlas hablar.
Kurtis XY
Vie Ene 23, 2009 10:29 pm   Argumento: [The Scientist] Capítulo 4: Sobre Mi Hermana

Previamente en “The Scientist”…

-Carolina Mayer tiene un grupo llamado “Las Caro´s” donde las cuatro integrantes poseen el mismo nombre.
-Carolina Vahadilla, la más silenciosa de las cuatro, llegó al Instituto Lewis en extrañas circunstancias.
-Samantha Bowen, una supuesta cocinera, llega a la casa de Samuel con el fin de investigarlo.
-Samuel conoció a Valeria Terán, haciéndose íntimos amigos casi de inmediato.
-Verónica Miranda, ex polola de Samuel, se suicidó en casa de los Mayer.



Participaciones especiales


Elizabeth Mitchel es Catherine Parker


Milo Ventimiglia es Aaron Stuart


Matthew Fox es Nicholas Hodge


Capítulo 1x04: “Sobre mi Hermana”


4 de marzo.

Luego de tres días de mi muerte, adquirí una capacidad que cualquier vivo desearía: la omnisciencia. Sí, gracias a ésta puedo saber lo que piensa cada persona de este mundo, lo que ha hecho esa persona… Incluso, lo que hará.
Es debido a ella que he cuidado a mi hijo Samuel a la distancia. Pero la vida de Samuel no es la única que puedo observar, también puedo echar un vistazo a las diferentes vidas e historias que lo rodean, como la de su tía, sus primos, incluso la de los amigos de sus primos. Sin embargo, ninguna de las otras vidas me había llamado la atención, hasta que me fijé en Carolina Hodge.
Todo comenzó un cuatro de marzo. Ese sería el primer día de clases en el Instituto Lewis, por lo que ella se despertó muy temprano para prepararse. Caminó hasta el baño para cepillar sus dientes con esmero. Luego se metió a la ducha para lavar su cabello cuidadosamente. Salió del baño, se secó y se vistió con la mejor ropa –era integrante de “Las Caro´s” por lo que no podía desteñir-. Finalmente, bajó las escaleras para desayunar junto a su hermana, Natalie, y su madre, Catherine.

-¡Hola!- Las saludó con ánimo.

-Hola- Respondieron la niña y la mujer.

Carolina o “la inglesa”, como la llamaban, se dirigió al refrigerador para sacar una fruta, la leche y los cereales. Mezcló los dos últimos y lavó una manzana. Su desayuno fue breve. En menos de diez minutos, lavó la fuente que utilizó, terminó su manzana y subió a su habitación a arreglar su mochila. Cuando estuvo lista, bajó nuevamente al vestíbulo, se despidió de su madre y de su hermana, para salir por la puerta principal, rumbo al instituto.
Así comenzaba un nuevo año escolar para Carolina Hodge, y una serie de mañanas solitarias para Catherine Parker, la madre de la joven.
A eso de las 10:00 hrs., comenzó a preparar el almuerzo para ella y su pequeña hija –o así le llamaba ella- cuando tocaron al timbre de su puerta.

-¡Voy!- Gritó, para que se escuchara en el exterior.

Caminó hacia el vestíbulo, mientras se secaba las manos, para abrir la puerta. Sin mirar al exterior primero para saber de quién se trataba, giró la manilla y abrió la puerta.

-Hola, “Cath”- Le dijo el joven que había tocado el timbre.

Horrorizada, cerró la puerta de inmediato. Allá afuera se encontraba el chico que hace algunos años había arruinado su vida, la de su hija y la de su esposo. Allá afuera se encontraba Aaron Stuart, el ex novio de Carolina Hodge y también el asesino de su esposo.

*****


4 de marzo.

Tanto en el exterior del Instituto Lewis, como en su patio interior, grupos de alumnos se agolpaban, comentando las que habían sido sus vacaciones de verano, las que habían acabado hace algunas horas.
Cuando Samy entró por la puerta principal acompañado de sus dos primos, un sentimiento de nerviosismo y vergüenza lo invadieron. Todos lo estaban mirando… O eso creía él. Se sentía paranoico por ser nuevo en ese exclusivo instituto, lo que explicaba su egocéntrico pensamiento. Sin embargo, casi al instante se dio cuenta de que en realidad miraban a su prima, tanto hombres como mujeres: las vistas masculinas se explicaban por la ya conocida belleza de Carolina Mayer; las femeninas se basaban en la envidia que todas sentían por ella.
Casi al instante de cruzar la puerta doble que separaba el exterior del interior, los tres primos se separaron: Carolina se reunió con sus amigas, las famosas “Caro´s”, Esteban se unió a su amigo Fernando Gonzáles y Samuel se quedó ahí, sin saber que hacer. No obstante, eso no duró mucho rato. En una esquina del patio estaban Valeria, su más reciente amiga, Sahian, su más reciente interés amoroso, Matías, su más reciente rival, y un chico de cabello corto y oscuro. Supuso que era Joaquín, el amigo de Valeria, del cual escuchó hablar el mismo día en que conoció a la chica. Ambas mujeres hicieron ademanes para que se uniera a ellos.

-¡Hola!- Saludaron Valeria y Sahian, al unísono, lo que provocó una silenciosa risa de Samuel.

-Hola.- Respondió él, observando el rostro de todos los miembros del grupo.

Samuel sintió un fuerte toque en la espalda –o celos, como lo conocen algunos- al ver que Sahian estaba tomada del brazo de Matías, que lo observaba con sincera sonrisa. Los otros chicos, Valeria y Joaquín, estaban más cerca de Sahian que de Matías. Por este lenguaje proxémico, supuso que al chico tampoco le caía bien Matías.

-¡Oh!- Exclamó Valeria, al ver que Samuel y Joaquín se miraban, como esperando algo.- No los he presentado, lo siento. Samuel, él es Joaquín.- Dijo, señalando al chico de cabello corto y oscuro.- Joaquín, él es Samuel.- Agregó, señalando a mi hijo.

Ambos jóvenes estrecharon sus manos fuertemente, para mostrar seguridad.
Por alguna razón, se formó un silencio casi idéntico al del día fuera de la iglesia. A pesar de ello, éste fue más corto, ya que Joaquín se encargó de interrumpirlo.

-Y…Bueno, ¿En qué curso están? ¿Biólogo- Matemático o Humanista?- Preguntó, mirando a Samuel.

-Yo… En un biólogo- matemático.- Respondió Samuel, pues a pesar de que la pregunta había sido formulada para todos, entendía que iba dirigida especialmente a él.

-Yo igual.- Respondió Joaquín, sonriendo.- La Vale también. Los únicos humanistas en el grupo son ustedes entonces.- Agregó, dirigiéndose a la pareja formada por Sahian y Matías.

Sahian realizó una afirmación con su cabeza, mientras Samuel agradecía no tener que estar cerca de ellos todos los días, la mayoría del tiempo.
De pronto, tocaron el timbre para entrar a clases. Mi hijo se puso evidentemente nervioso, pues no había reconocido la sala donde debía entrar a clases.

-¡No reconocí la sala!- Murmuró a Valeria.

-No te preocupes. Cuando fuimos a reconocerla con el “Jota” vimos que tú estabas en la lista también.- Aclaró, explicando luego que “Jota” era el seudónimo de Joaquín.

-Ah, qué alivio.- Respondió Samuel.

Cuando el timbre dejó de sonar, Sahian y Matías se despidieron del resto del grupo, aún tomados del brazo, para dirigirse a su salón, que estaba en el segundo piso.
Samuel siguió a Valeria y Joaquín rumbo a la sala. No estaba muy lejos del lugar donde se habían reunido, por lo que en menos de un minuto estuvieron ahí. Era una de las salas del primer piso. Al entrar, se percató de que las salas de este instituto estaban en muchas mejores condiciones que las de su antiguo liceo. Absolutamente todas las mesas se encontraban limpias, sin señales de haber sido rayadas. Las filas que daban contra las paredes de agrupaban en dúos, mientras las de la fila de en medio se unían en tríos. Una de estas mesas fueron las escogidas por los tres chicos para tomar asiento. Más cercano a la puerta de encontraba Joaquín, en medio Valeria y finalmente Samuel, en las terceras sillas, contando desde las que estaban luego del pizarrón.
Así comenzaba el primer día de clases para los alumnos del Instituto Lewis. Si bien la mayoría había asistido a ese establecimiento desde hace dos años, este año todo había cambiado por la reorganización de los cursos según especialidades Científicas o Humanistas. Eso tranquilizó a Samuel, pues no era el único nuevo ahí.