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 [The Scientist] Capítulo 1: El Primer día de tu nueva Vida.

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Kurtis XY
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Fecha de inscripción: 22/11/2008

MensajeTema: [The Scientist] Capítulo 1: El Primer día de tu nueva Vida.   Vie Dic 05, 2008 10:12 pm

Capítulo 1x01: El Primer Día de tu Nueva Vida





21 de enero

Una gota de agua, que antes había sido vapor, caía lentamente por la ventana del auto. Samuel Francisco Rodríguez Ortiz intentaba observar el paisaje al otro lado, pero la penumbra de la noche se lo hacía imposible. Miró a su alrededor, cada miembro de la familia estaba en lo suyo: su madre, Victoria, jugueteaba con su oscuro cabello, mirando cariñosamente a su esposo, Roberto, quien tenía fijos sus grises ojos en el camino, pero sonreía al sentir la mirada de su esposa. Por otro lado, Alejandro, su hermano, escuchaba un partido de fútbol en su MP4.
Los Rodríguez volvían felices de sus últimas vacaciones, que duraron dos semanas, en las que pasearon por varios sectores del norte de Chile.

-Me dio hambre ¿Falta mucho para llegar?- Preguntó Alejandro, de trece años, luego de dos horas de viaje.

-Parece que falta bastante aún, hijo.- Le contestó su padre.- No recuerdo cuánto nos demoramos de ida…

-Seis horas, papá.- Interrumpió Samuel.

-¿Ves?, fue un largo viaje y este será igual.- Inquirió Roberto.

-Pero un poco más adelante hay un servi-centro. Podemos parar a comer algo.- Sugirió Victoria, ansiosa también por detener aquel exhaustivo viaje.

Así lo hicieron kilómetros más allá en un grandioso y completo servi-centro donde, además, el auto fue cargado con combustible.
Mientras Roberto llenaba el estanque de su automóvil, al cual quería tanto como un humano puede querer a una fría máquina, el resto de la familia corrió a guarecerse de la lluvia, bastante rara en aquellas épocas del año.
En el interior del recinto, madre e hijos observaron el variado tipo de sándwiches que se ofrecía en un amplio cartel. Eran las únicas personas dentro, a excepción de los funcionarios.

-Yo quiero el “combo 6”.- Señaló Samuel, indicando con el dedo en el cartel el lugar donde aparecía su opción, para luego dirigirse a una pequeña sección de música casi al final del servi-centro.

-Yo igual.- Dijo Alejandro, que solía imitar a su hermano al tomar ese tipo de decisiones.

Se escuchó abrir la puerta del local y entró Roberto, bastante empapado por la lluvia. Se acercó a su esposa, sin tocarla, cuidando de no mojarla, y observó las opciones para comer.

-¿Qué vas a pedir?- Le preguntó a ella.

-No sé, lo mismo que tú, supongo.- Le sonrió coqueta y se fue a sentar junto a su hijo, mientras su esposo hacía el pedido.

Al final de la tienda, en la sección de música que se encontraba al lado de la salida de emergencia, Samuel analizaba disco a disco en busca de uno de su agrado.

-Kudai…Laura Pausini…- Murmuraba al observar los discos.- ¡Maroon 5! ¡Es el antiguo que no encuentro en ningún lado! ¡Debo comprarlo!- Exclamó en voz baja, al tiempo que sacaba su billetera y contaba el dinero. Tenía diez mil pesos justos. Cuando se dirigía a comprarlo, sintió la voz de su madre que lo llamaba desde el patio de comida. Le restó importancia al disco y caminó hacia su familia. Ya tendría tiempo para comprarlo después.

Los tres hombres comieron muy rápido, pues estaban muy hambrientos; en cambio, Victoria, la única mujer, comió lenta y pausadamente, disfrutando al máximo cada mordida. En esa improvisada cena, la conversación amistosa y alegre común en la familia Rodríguez llamó la atención de algunos empleados que de vez en cuando ponían atención en la conversación para saber qué los hacía reír. Luego de un rato, estuvieron listos para partir nuevamente.

-Ya, ¿vamos? Entren al baño ahora para que no tengamos que parar más adelante.- Advirtió Roberto.

-¡Ay, mi amor!- Le llamó la atención su esposa, con cariño.- Cómo van a digerir tan rápido…

-Yo no sé si será el sándwich u otra cosa, pero tengo que ir al baño- Señaló Alejandro, desapareciendo de la mesa al instante.

-Yo voy a comprar un CD. Esperen en el auto mientras, no me demoraré mucho.- Dijo Samuel, caminando ya hacia la sección de música.

A pesar de que ya conocía la ubicación del disco, demoró más a causa de otros CD´s que le llamaron la atención, pero ya había tomado una decisión y no iba a cambiarla. Tomó el disco y se dirigió a una caja para pagarlo.

-Voy a llevar éste.- Le dijo a la cajera, una muchacha joven, de pelo largo y oscuro, tomado en una cola, pero de facciones serias, que leía unas revista femenina.

-Son nueve mil nueve noventa.- Indicó la funcionaria, un tanto distante e indiferente.

-¿Qué dice sobre esa actriz en la portada?- Preguntó Samuel, curioso por el artículo referente a una de sus actrices favoritas. La cajera lo miró de reojo.

-No…- La respuesta de la cajera fue interrumpida por un fuerte sonido de una bocina desde afuera. La familia de Samuel intentaba apresurarlo.

-No sé, aún no llego a esa parte.- Terminó de decir la frase, la cajera.

De pronto, un fuerte estruendo proveniente desde el exterior llamó la atención de las personas adentro del recinto. Unas rojas y nacientes llamas, provenientes del lugar donde había estado el auto de su familia, iluminaron los ojos de Samuel. Gritos de mujer se escucharon en el exterior, asustados por la cercanía del auto con la bomba de bencina, que seguramente pronto explotaría también.
Samuel y la cajera atinaron a correr a la salida de emergencia, cercana a la sección de música, mientras ya escuchaba algunos vidrios explotar. Ambos corrieron con todas sus fuerzas, a una velocidad increíble, hacia un costado de la carretera, ya bastante lejos del servi-centro, mientras las llamas les pisaban los talones. Una última explosión los hizo saltar lejos, pero a salvo.
Samuel y la cajera cayeron al suelo frontalmente, pero quedaron concientes. La chaqueta de él se quemaba, así que se puso de pie para sacársela e intentar apagarla, mientras sentía correr las gotas de lluvia por su rostro y sus brazos.
Sólo cuando la chaqueta estuvo apagada, Samuel se atrevió a ver el desastre: una oscura nube de humo había aparecido sobre el lugar de la explosión, que aún ardía, destruyendo todo a su paso.
Vio a la cajera respirar agitadamente a su lado, por lo que la ayudó a pararse y la abrazó. La mujer, al ver aquel desastre, sólo atinó a vociferar un fuerte y doloroso grito, que se ahogó finalmente entre sus incipientes sollozos. Sam la abrazó más fuerte, intentando protegerla y apoyarla de alguna manera, mientras comprimía sus propios sollozos en vano.
Aquellos dos desconocidos, unidos por una sola desgracia, lloraron juntos, como lo harían dos amigos que se conocen de toda la vida.



*****


21 de enero

Los golpes de unas maletas golpeando uno a uno los peldaños de la escalera despertaron a la bella Carolina Gabriela Mayer Ortiz. De inmediato supo que se trataba de una situación que había previsto hace un tiempo, así que se levantó, se puso sus pantuflas y su bata rosada de seda, que combinaba con el pijama de aquella noche, para luego salir de la habitación, cuidando no emitir ningún ruido, y llegar a la escalera y observar todo desde ahí.
Abajo, a un lado de la entrada, se encontraban sus padres, frente a frente. Su madre tenía los ojos rojos y parecía cansada, evidentemente había estado llorando; en cambio, su padre, el alto y rubio señor Mayer, estaba tranquilo y demostraba seguridad… Además, llevaba una maleta en cada mano. Ninguno se percató de la presencia de Carolina.

-¡Por Favor! ¡No te vayas!- Le imploró Tatiana, la madre de Carolina, a su esposo, Stephen, poniéndose de rodillas ante él.

-Lo siento, es una decisión que ya tomé y no es tiempo de cambiarla.- Sentenció, poniendo de pie a su esposa.

Stephen observó a aquella frágil mujer sollozando entre sus brazos y, por un fugaz momento, pensó en arrepentirse… Pero no lo hizo. Pensaba que la fortuna favorecería al valiente.

-Perdóname.- Murmuró.

En ese momento, Stephen Joseph Mayer Wood, dejó a su esposa y a sus dos hijos, para iniciar una aventura con una inglesa residente en su país natal. Al echar un último vistazo a su antiguo hogar, pudo observar la figura de su hija, Carolina, en la cúspide de la escalera, observándolo con evidente desprecio. Sin atreverse a realizar un ademán de adiós, abandonó la casa.

Ahí, en medio de su propio vestíbulo, Tatiana Mar Ortiz Valenzuela lloró amargamente, sin importarle si sus energías alcanzarían para ello. Carolina bajó rápidamente la escalera para sentarse en el suelo junto a su madre, y abrazarla con cariño y fuerza. La puso de pie poco a poco, don delicadeza, y la llevó a la sala, donde la sentó en el sofá junto al teléfono.

-Voy por un vaso de agua con azúcar.- Le dijo, pero no recibió respuesta.

Carolina caminó hasta la cocina, buscó un vaso, lo llevó con agua tibia y agregó dos cucharaditas de azúcar. Le gustaba observar el remolino que se formaba cuando revolvía un recipiente con agua, pero esta vez lo pasó por alto. En cambio, un recuerdo vino a su mente.


Flashback

En medio de la noche, aquel 2 de diciembre, Carolina Mayer despertó producto de unos extraños quejidos provenientes de la habitación de sus padres. A causa quizás del sueño, o de su eventual ingenuidad, pensó que alguna enfermedad respiratoria aquejaba a su madre. Preocupada buscó sus pantuflas y su bata azul, que combinaba con el pijama de aquella noche. Pero, antes siquiera de salir de su habitación, escuchó mejor los sonidos, y descubrió que no eran producidos por una persona enferma, al contrario, eran producto de algo muy distinto a una enfermedad. Sonrió coqueta, pues era evidente que sus padres estaban teniendo sexo, por lo que dejó su bata y sus pantuflas y volvió a su cama, cerró los ojos y esperó quedarse dormida, mientras los quejidos cesaban.
Sin embargo, luego de acostarse, se percató de que algo andaba mal: ¿Cómo era posible que sus padres procrearan, si su madre estaba en una gira de estudios en Brasil? Tal vez era su hermano, Esteban, de 15 años, que estaba a punto de cumplir los 16, por lo que quería perder su virginidad desesperadamente… Tampoco era posible, pues su hermano estaba en casa de un amigo.
Aún más preocupada, cogió velozmente su bata y pantuflas, para deslizarse cautelosa hasta la morada de sus padres. Encendió la luz y puso observar la imagen que explicaría los ruidos: Su padre dormía al lado de una rubia que jamás había visto en su vida.
De ese modo, Carolina Gabriela Mayer Ortiz descubrió que su padre le era infiel a su madre con una británica.

Fin Flashback




Sentada sobre un elegante sofá negro con detalles verdes, al lado de su teléfono, Tatiana esperaba el caso con agua y azúcar que le estaba preparando su hija. Miraba sin ver el suelo del salón, donde se encontraba la bella alfombra india que compró en su segunda luna de miel con Stephen, su esposo… Futuro ex esposo.
De pronto, el teléfono a su lado sonó. Giró su cabeza para observarlo, pero no contestó, tampoco tenía ganas. Pero, antes de renunciar a la idea de contestarlo, una serie de imágenes pasaron por su cabeza: En la primera, su esposo la llamaba desde un teléfono público en las cercanías, disculpándose por todo lo ocurrido. En la segunda, se veía a ella y a él abrazados bajo la luz de la luna, felices nuevamente. En la tercera, veía a la familia completa en Paris, donde pasarían sus próximas vacaciones el siguiente año. Sin dudarlo, contestó rápidamente.

-¿Stephen?- Preguntó, ansiosa por una respuesta afirmativa.

-¿Disculpe?- Respondió una aguda voz de mujer al otro lado de la línea.

-¡Oh! No, disculpe. Déjeme comenzar de nuevo.- Rectificó Tatiana. Todas sus fantasías desaparecieron de su cabeza para poder conversar con aquella mujer. Lo hizo, sí, pero de malas ganas.- Hola, habla Tatiana Ortiz ¿Con quién desea hablar?- Preguntó con el tono de voz de recepcionista que la caracterizaba al teléfono.

-Hola señora Ortiz, es precisamente con usted que deseo hablar. Llamo desde el hospital regional de Rancagua. Lamento informarle que la familia de su hermana, Victoria Ortiz, ha sufrido un terrible accidente.- Dijo con tono grave la enfermera.

Mientras transcurría la conversación, Carolina ya había vuelto con el vaso de agua y azúcar y escuchaba atenta el dialogo.

-¡Oh!- Atinó a decir Tatiana, preocupada y confundida a la vez.- ¿Cómo están?

-Me temo que su hermana, el esposo y el hijo menor de ella han muerto.- Le respondió la enfermera.

Durante un rato, Tatiana sostuvo el teléfono sin articular palabra, con la vista perdida y la boca entreabierta. Carolina, preocupada, le quitó el teléfono y continuó ella la llamada.

-Habla Carolina Mayer, hija de Tatiana ¿Qué pasa?

La enfermera relató todo lo ocurrido nuevamente, esta vez a la sobrina de la difunta. Lo habló sobre la explosión, que aún se investigaban las razones de ésta, que los cuerpos habían quedado irreconocibles, pero se dedujo su identidad gracias a testimonios y algunos papeles ligeramente legibles que portaba. Finalmente, le dio la buena noticia de que su primo, Samuel, se había salvado milagrosamente. Un poco más consolada por esta última noticia, Carolina colgó el teléfono.

Arrodillada, en medio del salón, Tatiana Ortiz lloró amargamente… Por segunda vez esa noche. Sintió, sin poder verla, pues las lágrimas se lo impedían, cómo su hija se sentó a su lado y la abrazó.

-Mi hermana, mi niña…- Murmuraba entre sollozos, recordando a su hermana.- Mi amiga… ¡Mi mejor amiga!

-Tranquila, tranquila.- Le decía su hija, abrazándola con más fuerza.- Me dijeron que el Samy está vivo. Él ha sido tu regalón desde chico, podríamos pedirle que se venga a vivir con nosotros.- sugirió la joven, consoladora.

En ese momento, madre e hija se miraron. Sin palabras, sólo con miradas, una agradeció sinceramente la presencia de la otra. Ambas sonrieron y se unieron en un fuerte, fraterno y honesto abrazo.
Para Tatiana Ortiz, aquella noche había comenzado mal… Y terminaba peor. Pero como siempre lo hacía, miró el lado positivo: siempre después de la tormenta, viene la luz, y fue esa luz la que le dio energía para subir las escaleras y acostarse en su cama para recuperar energías. Mañana sería el primer día de su nueva vida.

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Kurtis XY
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MensajeTema: Re: [The Scientist] Capítulo 1: El Primer día de tu nueva Vida.   Vie Dic 05, 2008 10:16 pm

29 de enero

Mi nombre es Roberto Samuel Rodríguez Díaz. Hasta hace unos días yo era una persona como tú… Estaba vivo y tenía una familia a la que amaba. Pero todo cambió una noche de verano, de vuelta de mis vacaciones, cuando nos detuvimos en un servi-centro que explotó. De ese accidente, gracias a Dios, mi hijo mayor, Samuel, quedó vivo y ahora habita en casa de su tía.
Seguramente la vida de mi hijo es mucho más interesante que mi rutina de muerto, por lo te resultará más atrayente saber que ha pasado más de una semana desde el accidente y mi hijo se acostumbra poco a poco a su nueva vida de rico; al tiempo que mi cuñada acepta su nueva rutina de soltera
Además, de Carolina, Tatiana tiene un hijo varón: Esteban Mayer. Así como Carolina se parece en algunos rasgos a su padre, la apariencia de Esteban es más cercana a la de su madre. Él estaba de cumpleaños el 30 de diciembre y faltaba sólo un día para ello, por lo que mi hijo y mi cuñada se levantaron temprano para preparar todo.
La fiesta de cumpleaños de Esteban Felipe Mayer Ortiz era todo un evento para prácticamente todo el instituto Lewis, que era al que asistía junto a su hermana. Ser invitado a dicha fiesta era considerado el segundo mayor honor para algún alumno del Lewis… Obviamente el primer honor era ser invitado al cumpleaños de Carolina.

-A ver…El primero en la lista de invitados es… Fernando González.- Dijo Tatiana.

-¿Fernando González?- Preguntó extrañado Samuel.

-Oh, Samy, no seas ingenuo, es sólo un alcance de nombre. Este Fernando es el mejor amigo de mi hijo.- Le aclaró, mientras continuaba repasando la lista.

-No, si eso me queda claro. Es que me pareció raro que existieran alumnos con apellidos tan comunes en un instituto tan exclusivo.- Respondió con ese sarcasmo que lo caracterizaba, con una leve sonrisa, mientras ordenaba las invitaciones según el orden de la lista.- ¿No las estaremos enviando muy encima? La fiesta es mañana y vamos a entregarlas recién hoy.

-Sí, Samy, con respecto a eso…- Tatiana calló durante un rato y esperó a que su sobrino la mirara.- Necesito que entregues las invitaciones.

-Ah, bueno, no sé preocupe tía, yo lo hago.- Respondió, mientras continuaba ordenándolas.

-Sí sé Samy, esa buena voluntad la sacaste de tu madre, pero… Son doscientas invitaciones.- Le aclaró, sonriendo temerosa. Hace un año le pidió lo mismo a su ex esposo, pero éste se enojó mucho y salió a entregar las invitaciones aún gritando… Y eso que eran alrededor de 100.

-¡Doscientas!- Exclamó mi hijo, sorprendido.

-Oh, cariño, no sé a quién más pedírselo. Esteban está en su entrenamiento de fútbol y Carolina… Bueno, es Carolina, tú sabes. Además, conocer a la perfección Rancagua, no son lugares muy lejanos y ninguno es peligroso.- Lo calmó Tatiana. Debía hacerlo, ya que si no aceptaba tendría que salir ella a entregar las invitaciones.

Samuel calló un instante, sin dejar de ordenar las tarjetas como si nada hubiese pasado. Tatiana lo miraba atenta y preocupada a la vez. Finalmente, él alzó la vista y miró a su tía a los ojos.

-Está bien, pero voy a necesitar la bicicleta del Esteban.

Tatiana abrazó a Samuel, al igual que lo hubiese hecho su madre en el pasado, con satisfacción y alegría. En ese momento, no se preguntó por qué Sam Había aceptado aquel difícil encargo con tal facilidad. Sin embargo, no era necesario, pues su razón era simple: Sin su madre, sin su hermano y sin mí, Sam no tenía a nadie más que a su tía y sus primos, y no podía arriesgarse a que lo despreciaran.

******


29 de enero

Aproximadamente a las 12:00 hrs. de ese mismo día, Samuel Rodríguez, mi hijo, salió en la bicicleta de su primo con la difícil misión de entregar doscientas invitaciones en menos de 12 horas. Para una persona común, esta tarea era realmente imposible, pero para mi hijo no, porque era un excelente ciclista. Quizás porque era el único deporte que le interesaba, o porque realmente tenía un don, no sé, lo que sí sé es que era capaz de dar la vuelta a todo Rancagua en 5 horas.
Para evitar confusiones, les debo aclarar que mi sobrina Carolina tiene un grupo de amigas muy particular, pues todas las integrantes se llaman igual, es decir, Carolina, o las “Caro´s” como se les conoce en el Instituto Lewis.
La primera casa que debió visitar mi hijo fue precisamente la de una de las amigas de su prima: Carolina Vahadilla.
Carolina Andrea Vahadilla Toro era la más silenciosa de las amigas de Carolina Mayer. Nombrada Cari por su grupo, llegó en medio del segundo semestre hace unos años. Desde dónde y por qué, nadie lo sabe, ni siquiera sus amigas.
Cuando Samuel presionó el timbre pudo escuchar una pegajosa melodía al interior de la enorme casa. Una chica de cabello castaño oscuro y rostro de muñeca le abrió la puerta… Era la misma Carolina.

-Buenos días.- Saludó la joven, con voz dulce, pero a penas audible.

-Buenos días. Me llamo Samuel Rodríguez, soy primo de Carolina, tu amiga, y vengo a entregarte la invitación al cumpleaños de Esteban.- Señaló mi hijo, con la amable sonrisa que lo caracterizaba al momento de presentarse. Le entregó la carta, se despidió y comenzó a pedalear nuevamente.

En ese mismo sector entregó algunas invitaciones más, pero ninguna merece la pena ser narrada.
A eso de las 13:00 hrs., una bicicleta azul, montada por un chico de 16 años, apareció en el patio de la casa de los Mancilla. La joven Carolina Mancilla fue la encargada de atender al timbre.
Carolina Ignacia Mancilla Carrasco era otra integrante del grupo de las “Caro´s”, casi tan importante como Carolina Mayer… Ese casi era el que le incomodaba. Desde pequeña había sido amiga de mi sobrina, pero en realidad siempre la envidió. Once años de amistad, para ella, habían sido once años de celos y cierto rencor.
Cuando Sam le entregó la carta, ella la cogió, la observó un rato y la guardó.

-Una más a la colección. La pondré junto a las otras.- Le escuchó decir Samuel, mientras pedaleaba para terminar pronto aquella tediosa tarea.

A las 14:00 hrs., Sam ya había entregado, por increíble que parezca, ciento treinta y tres invitaciones, en parte gracias a los atajos que conocía entre calle y calle. No obstante, estaba cansado y quiso parar un rato.
Fue recién a las 14:30 hrs. Que Sam volvió a su labor, montando la bicicleta, para entregar las sesenta y siete invitaciones restantes.
La primera parada después de su descanso fue en una femenina casa rosada, de dos pisos, antecedida por un hermoso y florido jardín. Las dueñas eran las chicas Hodge. Una de ellas era Carolina Hodge, la última de las amigas de Carolina.
Carolina Caroline Hodge Parker era una chica inglesa que vino a Chile a comenzar una nueva vida. Vivía junto a su madre y a una pequeña hermana de un año y medio. Sobre su padre, nadie sabía nada.
A diferencia de las veces anteriores, donde Sam había sido recibido por los mismos destinatarios de las invitaciones, esta vez fue recibido por la menor de las Hodge, la hermana pequeña de Carolina.

-“Hoa”.- Lo saludó la pequeña rubia.

-Hola pequeña.- Le respondió Samuel, agachándose para quedar cara a cara con ella.- ¿Está tu mamá, o tu hermana?

-No, mi mamá “edtá” “tabajando”, y mi “mana” “tá” “dumendo”.- Precisó la pequeña, con un poco de dificultad.

-Ya. Cuando despierte tu hermana, hazme el favor de entregarle esto ¿Vale?- Pidió Sam, amablemente.

-Vale.- Respondió la niña, para luego despedirse y cerrar la puerta con ayuda de Sam.

A eso de las 15:00 hrs., sólo treinta y nueve invitaciones le restaban a mi hijo para terminar su tarea. Su problema es que la hora de almorzar ya había pasado y estaba hambriento, por lo que decidió que entregaría esta trigésima novena carta y volvería a casa para comer algo y luego continuar más tarde.
Ésta carta era para una tal Sahian Vásquez, que habitaba en una casa blanca, muy elegante vista desde afuera.
Como el resto de las ocasiones, la misma Sahian recibió a Samuel. Ella era una chica de vestir simple, de cabello liso y rubio, con rostro de niña. Al verlo, sonrió instintivamente.

-Hola, ¿qué se te ofrece?- Preguntó la joven, con voz suave y dulce, ante la ligeramente atontada vista de mi hijo.

-Ho-Hola.- Saludó Sam, un poco embobado. La primera impresión que Sahian había causado en él lo logró hipnotizar un rato, como ninguna de las chicas que había visto antes lo logró.- Te vengo a entregar esta invitación…

Mientras extendía la mano con la invitación en ella, su estómago hizo un sonido de hambre, parecido a un rugido débil. Esto hizo reír a Sahian y sonrojar a mi hijo.

-Parece que aún no almuerzas.- Le dijo Sahian.- Yo tampoco. Si quieres pasas y almorzamos juntos. Mis papás no están, para varias, y me da lata comer sola.

-No-No te preocupes.- Le respondió Samuel, sin mirarla.- Vivo cerca…

-¡No! Insisto. Además, me harías un tremendo favor. No te conozco, pero pareces agradable.- Reiteró la joven sin dejar de sonreír, al tiempo que salía de la puerta para permitir el paso a Samuel.



Sahian Karla Vásquez Escobar era dueña de una voz seductora, pero inocente como su rostro. Pasaba muy poco tiempo son sus padres, ya que por negocios, ellos viajaban mucho. Pasaba los días junto a su empleada, Donatella, una mujer de 45 años, muy católica.

Al entrar en la morada, Samy pudo apreciar con mayor exactitud el nivel de elegancia y buen gusto de la familia de Sahian, además del afanoso cuidado que debía de brindarles Donatella. El comedor tampoco se podía menospreciar, ya que la larga y pulida mesa podía reflejar una imagen casi como un espejo.
Durante el almuerzo, la lasaña prepara por Donatella de mezcló con el diálogo de los dos jóvenes, quienes intentaban conocerse mejor con cada pregunta. Estaban en eso, cuando Samuel reparó en un detalle en la muñeca de Sahian: llevaba una pulsera metálica con las fotografías de unos santos intercaladas, idéntica a la que poseía él.

-¿Y esa pulsera?- Le preguntó él.

-¿Ésta? Me la regaló la Donatella cuando hice la confirmación el año pasado.- Respondió Sahian, percatándose de que Samuel tenía una igual.- ¡Tú también tienes una! ¿Quién te la regaló, Samy? Puedo llamarte Samy, ¿cierto?

-Sí, obvio que puedes. Eh…- Mi hijo dudó un momento, pues esa pulsera tenía una historia que comenzaba bien, pero terminaba de manera desastrosa.- Me la regaló mi ex… mi ex polola.

-Ah… ¿Me desubiqué?- Consultó Sahian, un poco preocupada.

La repentina e inocente pregunta hizo reír a Sam. Aquel tema ya no le afectaba, pero tampoco le gustaba hablar mucho a cerca de eso.

-No, no te preocupes.- La tranquilizó.- Es… Es un tema superado, totalmente, pero igual me da lata hablarlo, además que es fome.- Sentenció, y volvió a retomar el tema de las pulseras.- Entonces, eres católica.

-Sí, hice la confirmación el año pasado y este año voy a entrar al grupo pastoral del Instituto Lewis, el famoso Instituto Lewis.- Se burló.- ¿Dónde estudias tú?

-La verdad es que no sé.- Sam no había pensado en ese detalle hasta ahora. Cuando volviera a casa debía consultarlo a su tía.- Con lo que le pasó a mi familia…

-¿Qué le pasó a tu familia?- Le interrumpió Sahian.

Samuel no se había reparado en que aún no le contaba nada de lo ocurrido hace una semana y unos días atrás. Siguiendo el orden lógico de las cosas, comenzó por el principio y contó, con lujo de detalles, desde la explosión hasta el día en que se mudó con su tía. Al terminar, Sahian le tomó la mano, conmovida.
Aproximadamente a las 16:30 hrs., Samuel y Sahian se despidieron con la esperanza de volver a verse pronto. Ninguno de los dos sabía que el destino estaba a su favor y efectivamente volverían a encontrarse muy pronto.
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MensajeTema: Re: [The Scientist] Capítulo 1: El Primer día de tu nueva Vida.   Vie Dic 05, 2008 10:17 pm

30 de enero

Finalmente, llegó el día de la fiesta de cumpleaños de Esteban. Para dicho evento era que Carolina Mayer se preparaba afanosamente en su habitación, mirándose al espejo, al tiempo que se maquillaba. Luego de eso, debía decidir entre dos vestidos idénticos en diseño, pero diferentes en color. Alguien tocó a su puerta y lo hizo pasar.
Cuando se giró a ver a la persona que había interrumpido su reflexión sobre moda y buen vestir, se sorprendió al enterarse que era Samuel, quien aún no se preparaba para la fiesta.

-¿Qué piensas? ¿El rojo o el azul?- Le preguntó, a ver si estaba de acuerdo con ella.

-¿Esa es tu ropa interior?- Bromeó Samuel, al evidenciar los vestidos extremadamente cortos, mientras su prima lo miraba ofendida.- Hablando en serio, depende de tu intención. Rojo para llamar la atención, azul para simplemente lucirte, aunque siempre he pensado que el blanco invierno o el plomo con negro te quedan mejor.

-Cierto. Dejaré estos para otra ocasión y me pondré este.- Señaló, mientras abría su armario y sacaba un vestido igual de corto, pero con más escote.

-Eh, al grano, ¿qué sabes sobre Sahian Vásquez?- Preguntó un poco nervioso.

Carolina miró a su primo, sonriendo coqueta como siempre. Sabía lo que ocurría.

-¡Sabía que te ibas a interesar en ella!- Exclamó.- A ver… Ella es la más inteligente de mi curso, tiene mucha personalidad es simpática y hasta donde sé, está soltera, ¿te gusta?- Preguntó Carolina, indiscreta y curiosa.

-¡No! O sea, es inteligente, linda y tenemos mucho en común, me quedó claro cuando almorcé con ella…

-¿Almorcé? ¡Por eso llamaste diciendo que comerías en otro lugar! Igual están yendo rápido.- Señaló Caro, para molestarlo.

-¡Fue un inocente almuerzo!- Se defendió Sam.

Ambos se miraron y no pudieron contener su risa. No era una risa de burla, o por una situación cómica o chiste… Era una risa de alegría. Una risa común en mi hijo, pero que había desaparecido desde el accidente. Fue esa risa la que motivó a Carolina a abrazar a su primo por primera vez sin la necesidad de que fuese año nuevo. Samuel, un poco sorprendido, respondió al abrazo.

-Entonces, el vestido plomo con negro.- Señaló Carolina.

-El plomo con negro.- Rectificó Sam, guiñando un ojo y saliendo de la habitación.

Frente a su espejo, Carolina Mayer continuó preparándose para la fiesta de su hermano. Se sentía feliz por haber realizado su buena acción del día. Sahian era lo que necesitaba en este momento y ella lo iba a conseguir a toda costa, sólo tenía que conseguir una cosa… Sacar al actual novio de la chica de en medio. Pero eso, para la seductora Carolina Gabriela Mayer Ortiz, era pan comido.

*****


30 de enero

Cuando una fiesta va a comenzar, no hay nadie más nervioso que el mismo festejado. Esto se hace evidente en cada una de sus acciones: Primero, se mira una y otra vez al espejo, verificando que cada prenda de ropa esté en su lugar y luzca perfecta. Segundo, se sienta en la silla o sofá más cercana a la ventana para ver, disimuladamente, si alguien a llegado. Tercera, pregunta una y otra vez la hora, para saber quien llegó antes o después de la hora. Obviamente, Esteban Felipe Mayer Ortiz, mi sobrino favorito, no era la excepción. Su nerviosismo se hizo aún más evidente cuando exactamente a las 20:00 hrs., el timbre de su casa sonó. Se paró rápidamente, se arregló y caminó hacia la puerta. Grande fue su decepción cuando vio a su primo Sam entrar.

-¿Dónde estabas?- Preguntó Esteban, con evidente nerviosismo en su voz.

-Andaba buscando a mi tía. Hace rato que no la veo y dijo que nos íbamos a encargar de la recepción.- Le aclaró.- Y tú, cálmate. Imagínate que hubiera sido un invitado el que entraba y no yo ¡Se nota que estás más nervioso que monja con atraso!

Esteban no pudo evitar reír con ese dicho característico de Sam que tantas veces había escuchado, pero nunca paraba de parecerle divertido. Lo mismo hizo Tatiana, que bajaba las escaleras con un elegante vestido rojo.

-No sé para que me arreglo tanto si es siempre lo mismo. Sonreír en la entrada, dar la bienvenida y luego de unas horas, irme a acostar.- Señaló, mientras recogía un poco su vestido, para poder bajar las escaleras con cierta dificultad.- ¿Han visto como está vestida esta Carolina? ¡Se va a enfermar!

Sin que ninguno se diera cuenta, Esteban se había ido al patio trasero a esperar a los invitados junto a su hermana, dejando a Sam y su tía solos en la entrada. Era el momento ideal para que Sam aclarase su duda de dónde estudiaría este año.

-Tía, necesito saber algo.- Sentenció, con voz grave. Su tía lo miró, un poco preocupada.

-Lo que quieras…- Le respondió.

-¿Dónde voy a ir al colegio?- Tatiana tenía u dejo de decepción en los ojos. Con el tono de voz que había ocupado mi hijo, esperaba una pregunta más trascendental.- No tengo problemas con seguir yendo al liceo…

-¡No! Por supuesto que no vas a ir a ese liceo, te queda muy lejos. El Instituto de tus primos queda más cerca y es mejor.- Señaló su tía.

Varias ideas pasaron por la mente de Samuel. En la primera tomaba en cuenta que perdería a su gran amiga María Jesús, del liceo. En la segunda, pensaba en lo bueno que era el prestigioso Instituto Lewis, y la increíble cantidad de aprendizajes a los que sacaría provecho. En la tercera, pensaba en su nueva amiga Sahian.

-Bien.- Atinó a decir.

A las 20:15 hrs., llegaron los primeros invitados, que fueron alrededor de cinco. A las 21:00 hrs., la música sonaba fuerte en el patio trasero de los Mayer, mientras los cincuenta y tres invitados que ya habían llegado bailaban, unos con más ritmo que otros. Desde las 21:15 hrs. a las 22:00 hrs., la entrada de la casa de los Mayer parecía una pasarela: Jóvenes tras jóvenes entraban sin parar. Entraron tantos que Samuel perdió la cuenta, pero eso no le importaba, él sólo quería ver entrar a Sahian… Pero eso nunca sucedió.

A las 23:00 hrs., Tatiana subió las escaleras y se dirigió a su dormitorio, pues estaba muy cansada. Samuel, en tanto, encendió el televisor, puso el canal Animal Planet, y se preparó para una larga noche.

*****



30 de enero

Aquella noche, Tatiana Ortiz disfrutó de la soledad y oscuridad de su cuarto, mirando al exterior por la ventana al lado de su cama. Afuera pudo observar a su anciana vecina Karina sacar la basura, mientras cuidaba que su gato no se escapara. Pero mi cuñada no pensaba en Karina, ni en el oscuro gato de ella. Pensaba en la última noche que vio a su hermana…

Flashback

Aquella noche, toda mi familia y yo partimos tarde en la noche nuestro viaje hacia La Serena. Como de costumbre, antes de partir, pasamos a la casa de mi cuñada, Tatiana Ortiz, para hacer una visita rápida.
Cuando llegamos, ella nos esperaba afuera. Se notaba que estaba ansiosa por nuestra visita, al parecer estaba sola. Me bajé de mi querido automóvil y saludé a Tatiana, luego lo hizo mi esposa, luego Samy y finalmente Alejandro.

- ¿No está el Esteban?- Pregunté ansioso, pues debía reconocer que era mi sobrino favorito por la afición a la música que tenía.

-No, no está, salió con sus amigos, igual que la Caro. Stephen tampoco está, debía quedarse hasta tarde en el trabajo.- Señaló, con evidente desconfianza en su tono de voz.

Esa desconfianza era lógica para mí, pues sabía que Stephen le estaba siendo infiel con una tal… ¿Marian?

Independiente de eso, nuestra conversación continuó. En ningún momento entramos a la casa, pues era costumbre que nos quedáramos afuera conversando sobre cosas superficiales.
Finalmente, llegó la hora de partir y las despedidas comenzaron… Mi esposa quedó para el final.

- Anda al auto no más, mi amor. Yo voy de inmediato.- Me dijo mi esposa, mientras yo me dirigía al automóvil con mis hijos.

Desde ahí, pude observar los gestos que realizaban las dos mujeres: Primero, vi a mi mujer llevando la mano de Tatiana a su vientre. Luego, Tatiana se alegraba por alguna razón y comenzaba a brincar y a taparse la boca con sus dos manos. En seguida, las dos hermanas se abrazaron y mi esposa volvió al auto… Así me enteré que sería padre de un tercer hijo.

Fin Flashback


Una lágrima rodó por la mejilla de Tatiana Mar Ortiz Valenzuela. Pensaba en el trágico destino que había correspondido a su pequeño sobrino que se gestaba en el vientre de su hermana. Nuevamente, miró sin ver las estrellas y la luna de aquella noche oscura, mientras sentía las ondas del ruido de abajo. Seguramente no podría dormir, pero valdría la pena intentarlo, así que se acostó en su cama y cerró los ojos.
Ese trance fue interrumpido por el sonido del teléfono en su habitación. Había olvidado silenciarlo. Se levantó de malas ganas y lo contestó sin ánimos.

-¿Aló?- Dijo.

-¿Aló? ¿Con Tatiana Ortiz?- Dijo una dama al otro lado de la línea.

-Sí con ella ¿Quién habla?- Preguntó. Si llamaban a esa hora debía ser algo importante.

-Hola, la estamos llamando de investigaciones, disculpe la hora.- Se excusó la señorita.- Lo que pasa es que hemos descubierto las razones de la explosión donde murió la familia de su hermana. La llamamos a esta hora porque seguramente aparecerá en los medios mañana muy temprano y preferimos que sea la primera en saberlo.

-Está bien, dígame.- La atención y ganas de Tatiana cambiaron al enterarse de que se trataba sobre la muerte de su hermana.

-Lo que pasa es que probablemente el accidente fue intencional. Encontramos la bomba que causó la explosión a escasos centímetros del auto. Se especula que alguien, mientras la familia estaba en el interior del servi-centro, puso un maletín con la bomba cerca del automóvil.- Aclaró la señorita.

-OK, gracias por llamar- Se despidió Tatiana, sin ganas de hablar más.

Mi cuñada no podía creer lo que había escuchado ¿La muerte de su hermana había sido intencional? ¿Realmente alguien había querido matarla? “Eso no era posible”, se decía, “Ella no tenía enemigos y Roberto tampoco”.
Sin pensarlo dos veces, se puso su bata y pantuflas, salió de su habitación y bajo las escaleras a buscar a Samuel. Él estaba donde mismo lo había dejado, pero ahora dormía.

-¡Samy, Samy!- Intentó despertarlo. Como él tenía el sueño ligero, abrió los ojos inmediatamente.

-¿Qué pasa?- Dijo medio dormido, pero evidentemente preocupado.

-Necesitamos hablar sobre… Sobre la muerte de tu familia- Le dijo, aún insegura de lo que hacía.

Al oír hablar de su familia, Samuel se puso alerta inmediatamente. No se imaginaba que podía ser, por lo que, muy impaciente, hizo tomar asiento a su tía a su lado.

-A ver… No sé como empezar.- Dijo nerviosa, mientras cruzaba sus manos en su regazo, las separaba, las estiraba y las volvía a cruzar.

-Por favor tía, dígame ¿Qué pasó con mi familia?- Preguntó Samuel, impaciente y curioso.

-Bueno, es que…- En ese momento, Tatiana decidió que mi hijo debía saber todo aquello de lo que no estaba entero… Todo.- Tú sabes que se estaba investigando la razón de la muerte de tus padres…

-Sí, ya lo sé. Pero se descubrió que fue una bomba y hasta ahí llegaba todo, ¿o no?- Samuel estaba confundido ¿Había más antecedentes en la muerte de sus padres?

-Sí, eso es verdad. Pero descubrieron que la bomba se encontraba a escasos metros del auto, es decir, alguien la dejó ahí intencionalmente sabiendo que tu familia estaba en el servi-centro.- Completó Tatiana, esperando una reacción de su sobrino.

-Eso quiere decir que…

-Que alguien puso esa bomba ahí justo para que le explotase a tu familia. Alguien… Alguien quiso matarte a ti, a tu hermano y a tus padres…

Samuel no podía creer lo que escuchaba ¿Alguien quiso matar a toda su familia? ¡No era posible! Pero eso no era lo peor…

-También debo decirte que… Que…- Esta era una noticia mucho más fuerte, por lo que Tatiana dudó bastante antes de decirla. Finalmente, supo que Sam debía saber toda la verdad.- Que tu madre estaba embarazada cuando fueron a La Serena.

Samuel levantó la vista hacia los ojos de su tía. No podía creerlo. No sólo habían muerto sus padres y su hermano en aquel maldito accidente, sino que también había fallecido su futuro hermano que a penas se gestaba en el vientre de su madre.
Ante la atenta mirada de su tía, mi hijo se levantó del sofá y comenzó a caminar de un lado a otro, reprimiendo sus sollozos en vano, igual que lo había hecho la noche del accidente. Sin embargo, ahora no era acompañado por una extraña… Estaba acompañado por su tía, que sabía que lo amaba como una madre.
Ahí, en medio del salón, Samuel Rodríguez, mi hijo, lloró amargamente como lo había hecho su tía unos días atrás. Mi cuñada, Tatiana Ortiz, lo abrazó con fuerza.

-Siempre después de la tormenta, viene la luz.- Le dijo, repitiendo lo que ella misma se había dicho la noche en que su marido la dejó y su hermana murió.

Mi nombre es Roberto Samuel Rodríguez Ortiz y hace unos días yo era una persona completa. En menos de un segundo, lo perdí todo… Pero soy conciente de que no soy el más afectado en esto. El más afectado es Samuel, mi hijo, que perdió dos hermanos, una madre y un padre. Créeme que daría todo por estar con él en este momento y, te digo, si los muertos pudieran llorar, yo lloraría junto a mi hijo ahora.
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Kurtis XY
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MensajeTema: Re: [The Scientist] Capítulo 1: El Primer día de tu nueva Vida.   Vie Dic 05, 2008 11:55 pm

Comentario por Carii, que tiene problemas para registrarse xD.

Debo decir que: cómo se te ocurre matar a un pobre niño, pobrecito, me dio pena Crying or Very sad

Muy trágica

Pero igual la amé


Eso es xD.
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NiKoX



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MensajeTema: Re: [The Scientist] Capítulo 1: El Primer día de tu nueva Vida.   Vie Dic 12, 2008 6:59 pm

:O :O

Felicitaciones por la historiaa!!
De verdad, me entretuvo desde principio a fin!
Amé la manera en que está escrita, muy al estilo de Desperate Housewives
Me encantó el detalle que pusiste en cada escena, las personalidades de todos, la trama en general!

Simplemente genial!
Espero el segundo capítulo para ver qué pasa con Samuel y Sahian Razz
y qué onda con las otras Carolinas xD
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Kurtis XY
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MensajeTema: Re: [The Scientist] Capítulo 1: El Primer día de tu nueva Vida.   Vie Dic 12, 2008 11:35 pm

Surprised

Gracias NikoX!

Qué bueno que te fijaste en lo de DH. Sí, está inspirado un poco en eso xD
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Jandri
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MensajeTema: Re: [The Scientist] Capítulo 1: El Primer día de tu nueva Vida.   Lun Dic 15, 2008 2:00 pm

sequisimo kurtiyonz :tina:

amé amé amé :tie: ando apurada, dp te cometno con más detalle.
solo se q me dio mucha risa la clase de moda que nos diste :fun: azul perla? no se como era jaja xD ni yo sé y tu si lol!
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Feñaa :D



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MensajeTema: Re: [The Scientist] Capítulo 1: El Primer día de tu nueva Vida.   Dom Dic 21, 2008 2:38 pm

Puuuucha quiero tener fotiitoo xD
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[The Scientist] Capítulo 1: El Primer día de tu nueva Vida.

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