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 [The Scientist] Capítulo 3: Samuel´s Creek

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Kurtis XY
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Mensajes: 32
Fecha de inscripción: 22/11/2008

MensajeTema: [The Scientist] Capítulo 3: Samuel´s Creek   Vie Ene 09, 2009 9:43 pm

Previamente en “The Scientist”

-Samuel perdió a sus padres y se fue a vivir con su tía y primos.
-Tatiana fue abandonada por su esposo y conoció a una nueva amiga, Samantha.
-Samuel conoció a una chica llamada Sahian… Y al novio de ésta también.
-Esteban Mayer se escapó para tocar música en un club, al tiempo que una bella chica de dulce voz tocaba su corazón.
-Samantha llega a vivir a casa de los Mayer, con el fin de investigar a Samuel.
-Un personaje del pasado visita a Samuel… Es Verónica, su ex polola




Capítulo 1x03: “Samuel´s Creek”


Años atrás…


Un joven Samuel de sólo catorce años observaba por la ventana de su salón de clases. No tenía nada mejor que hacer. Ese año se había cambiado del colegio de toda su vida, a un liceo que era totalmente extraño para él. En esa aventura lo había acompañado Simona, su mejor amiga, pero ese día había faltado a clases.
Sonó el timbre para entrar a clases. Samy se alejó de la ventana para caminar apesadumbradamente hacia su pupitre. Su compañera de banco, Antonia, ya se encontraba ahí.

-¿Qué nos toca ahora?- Le preguntó, como después de cada recreo. El año escolar había comenzado hace poco, por lo que la chica aún no se aprendía el horario. En cambio, Samuel, dueño de una memoria muy buena, se lo sabía al pie de la letra.

-Religión…- Señaló.

A pesar de que era católico, para mi hijo el ramo de religión había perdido todo su encanto con el pasar del tiempo. Sus primeros cuatro años de colegio fueron positivos en ese sector, pero los cuatro años siguientes habían ido empeorando progresivamente.

-Buenos días.- Saludó una pelirroja profesora, de voz suave y apariencia amable.

-Buenos días.- Respondieron al unísono todos los jóvenes del lugar.

Durante un rato, nadie habló. Los alumnos tomaron asiento, mientras la profesora los miraba uno a uno, sonriendo. Era la segunda clase que tenían con ella.

-Bien. Veo que aún no entran en calor.- Señaló, haciendo evidente que ninguno de los compañeros había logrado mayores lazos con otros hasta entonces.- Para corregir eso hoy vamos a hacer una dinámica. En el pizarrón anotaré una serie de preguntas personales que ustedes copiarán y luego responderán. Después, arrancarán la hoja y formaran un avión de papel con él, para después lanzarlo y que le caiga a algún compañero. Cuando tengan un avión en sus manos, lo leerán y anotaran el nombre de la persona, lo lanzarán de nuevo y otro avión caerá en sus manos. Harán el mismo procedimiento hasta que tengan cinco nombres de compañeros. De esos cinco, elegirán a uno, al que más les interese, para conocerlo durante la semana.- Finalizó la profesora, tomando su plumón para anotar las preguntas.

Los minutos siguientes fueron dedicados en su totalidad a realizar la actividad. Unos con más entusiasmo que otros, y algunos con más desconfianza que el resto. Cuando todos estuvieron listos, la profesora dio la señal para lanzar el avioncito de papel. Lo siguientes fueron minutos de desorden, ya que los alumnos se paraban de sus asientos en búsqueda de algún avión que no tuviera dueño aún. Cuando todos terminaban de leer sus respectivos aviones de papel, volvían a ser lanzados, repitiendo la operación una y otra vez, hasta que todos completaron las cinco personas.
Debido a tal diversión, la hora y media de clases pasó volando, por lo que ninguno de los alumnos estaba listo para salir cuando tocaron el timbre para volver a casa. Producto de eso, algunos, como mi hijo Samuel, salieron velozmente, olvidando algunas cosas.
Mientras caminaba por el pasillo, Samy se percató de que había dejado su cuaderno de Física debajo de su asiento. Cuando dio media vuelta para ir a buscarlo, vio a una chica de piel blanca y cabello oscuro y ondulado corriendo hacia él.



-¡Hola!- Lo saludó agitada.- Se te olvidó… esto.- Dijo, entrecortadamente.

-¡Oh! Muchas gracias…

-¿Sabes?- Lo interrumpió la chica, mirándolo con sus verdes y vivos ojos.- En la actividad que hicimos recién, me saliste tú, o sea, me llegó tu avión, mejor dicho.

-¿Sí?- Dijo Samuel, guardando su cuaderno en la mochila.

-Sí. Y voy a elegirte a ti para conocerte más. Así que de ahora y por el resto de la semana, me vas a tener pegada como garrapata.- Bromeó la chica, riendo.

-¿Cómo dijiste que te llamabas?- Preguntó Samuel, mirando a la joven.

-No lo he dicho. Mi nombre es Verónica… Verónica Miranda.

Así de improvisada fue la manera en que mi hijo, Samuel Rodríguez, conoció a la que semanas después se transformaría en su primera polola, Verónica Miranda, sin saber que también sería la primera mujer que también lo haría llorar por amor…


*****


8 de enero, esa misma noche.



El mismo Samuel Rodríguez, pero ahora dos años mayor, observaba a la misma Verónica Miranda, pero esta vez con sorpresa e incomodidad en el rostro. Sin embargo, algo había de diferente en aquella dulce chica de la que él se había enamorado hace unos años. Ahora, la expresión de la muchacha era tétrica, y su cuerpo se podía apreciar extremadamente delgado. Llevaba el pelo totalmente descuidado, al igual que su ropa. Sus mejillas parecían haberse encogido notoriamente.
Samuel miró a su prima y luego a su tía, sin saber que hacer. Tatiana, para ayudarlo, se acercó a la joven y la invitó a pasar. Verónica cruzó el umbral lentamente. Fue llevada por Carolina hacia la sala de estar donde tomó asiento. Samuel se paró a unos metros delante de ella, mientras eran dejados solos por su tía, su prima y Samantha, que se veía evidentemente confundida.

-Antes de que digas nada…- Comenzó Verónica.- No estoy aquí para molestarte... Estoy aquí porque te necesito.- Dijo, mientras Samuel se paseaba de un lado a otro.

-¿Qué ocurre?- Preguntó, quedándose al frente de la ventana para ver al exterior.

-Me escapé…- murmuró, temerosa.

Al escuchar esas palabras, Samuel se giró con evidente enfado. Se acercó a ella, se hincó y la miró a los ojos.

-Si tú estabas donde estabas era por tu bien.- Le recalcó, duramente.- ¡Necesitas ayuda!, ¿acaso no entiendes?

Las duras palabras de Samuel hicieron rodar unas lágrimas por las mejillas de Verónica. Mi hijo se puso de pie nuevamente y comenzó a caminar de un lado a otro, mientras nuevos recuerdos volvían a su mente.

*****


Años atrás…

Ese día, Verónica y Samuel acababan de cumplir un mes de pololeo. Él, muy enamorado, sonrió al verla por primera vez ese día, mientras ella se comportó un tanto indiferente. Esta actitud intimidó un poco a Samy, y se mantuvo alejado de ella durante todo el día, hasta la salida de clases, donde la acompañaría a casa como de costumbre.
Esperó ese momento ansiosamente. La razón de la actitud de Verónica realmente lo intrigaba, pues hasta entonces no habían tenido peleas ni discusiones muy importantes.
Finalmente, a las 19:30 hrs., todos los alumnos del liceo comenzaron a dirigirse a sus casas. Todos, a excepción de Samuel, que acompañaría a su polola a casa primero.
Durante los primeros minutos de caminata, ella miraba al frente, sin pronunciar palabra. Samuel, creyendo que necesitaba silencio, la dejó tranquila, observándola de vez en cuando. Sin embargo, luego de un rato, no soportó más.

-¿Pasa algo?- Preguntó, dudando aún.

-No, nada.- Aclaró ella.

-Es que…- Insistió él.- Has estado todo el día callada… Distante… No sé.

En ese momento, la chica paró de caminar. Se quedó parada en un lugar, sin moverse, con la cabeza agachada. Mi hijo la observaba detenidamente, sin articular palabra… Hasta que comenzó a escuchar los sollozos.

-Tranquila.- Le murmuró, abrazándola. Ella lloró con más energía.

Así estuvieron un buen rato. Samuel, sin comprender lo que ocurría, la abrazó incondicionalmente. Ella, desesperadamente, lo abrazaba con energía, como si no quisiera desprenderse de él.

-Samy…- Murmuró luego de un rato, más tranquila.

-Dime.- Respondió mi hijo, acariciándole el cabello, con evidente preocupación.

-Yo… Yo no te he contado todo… Todo lo que ha ocurrido en mi vida.- Señaló, tomándolo de la mano.- Sabes que no me llevo bien con ninguno de mis padres, que creen que soy una inútil… Y yo también me siento así.

-No digas eso.- Le reclamó Samuel.- Tú eres muy inteligente, me lo has demostrado millones de veces…

-Pero yo no me siento así.- Dijo, con la vista fija en el suelo.- Pero ese no es el motivo por el que lloro. Te voy a contar algo, y espero que esto no cambie nuestra relación…

-Sabes que puedes confiar en mí, aunque muchas veces no lo hagas.- Le dijo él, mirándola dulcemente, mientras se acercaban a unas bancas para sentarse.

-Ya…- pronunció, secándose las lágrimas y mirando a mi hijo a los ojos.- Yo, hace un tiempo atrás, comencé a engordar mucho, pero mucho, mucho.- Dijo, enfatizando las últimas palabras.- Y me empecé a sentir fea, horrible, asquerosa… Y había veces en que no paraba de comer… Comía y comía y comía… Después vomitaba…

-O sea…

-Sí.- Afirmó, levantando la vista, con vergüenza en sus ojos.- Tuve bulimia… Y hasta hace un tiempo que ya no hacía eso… Pensaba que había mejorado. Pero ayer en la noche, peleé con mi mamá y me encerré en la pieza. Tenía varias cajas de galletas escondidas en el clóset. Las saqué todas y comencé a comer descontroladamente. Después, me sentí mal y… Bueno, vomité.

Durante un rato, ninguno de los dos pronunció palabra alguna. Samuel miraba al frente, con evidente asombro. Verónica afirmaba la mano de mi hijo, esperando su reacción. De pronto, él se acercó a ella y la besó tiernamente. Ella sonrió.

-No me importa lo que hayas hecho antes.- Dijo, mirándola fijamente.- Estuvo mal, es cierto, pero ahora que lo sé, vas a contar con todo mi apoyo. Si sientes la necesidad de comer y vomitar de nuevo, llámame. Sabes que voy a estar ahí para ti… Siempre.

Al escuchar estas palabras, unas lágrimas rodaron por las mejillas de Verónica, que metió su mano en el bolsillo para sacar un pequeño regalo.

-Sé que eres muy creyente.- Dijo, entregándole el regalo a Samuel.- En eso somos diferentes, pero igualmente te admiro en ese sentido. Esto es para ti…

Mi hijo abrió el pequeño paquete para observar lo que había en su interior. Sacó la pulsera metálica, con fotografías de varios santos y se la puso inmediatamente… Esa es la misma pulsera que lleva puesta hasta el día de hoy…
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Kurtis XY
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MensajeTema: Re: [The Scientist] Capítulo 3: Samuel´s Creek   Vie Ene 09, 2009 10:02 pm

8 de enero, esa misma noche.

Verónica y Samuel, uno al lado del otro, estaba sentados, sin pronunciar palabra. Mi hijo tenía el rostro evidentemente molesto, y ella se notaba aún apenada. Samy se puso de pie nuevamente. No es que fuese a hacer algo, sino que se encontraba tan confundido que ya ni se daba cuenta de lo que hacía.

-Debemos llamar a tus padres.- Dijo, con las manos en la nuca.

-¡Estás loco! ¡Me van a matar!- Exclamó.

-¿Sí? Pues debiste pensar eso al escaparte.- Le recalcó, aún más enfadado.



Los siguientes minutos los dedicó a caminar de un lado a otro, pensando en qué podía hacer con Verónica. Desde el día en que terminaron, él trató de alejarse lo que más pudo de ella, por lo que tenerla en frente de él, y además en ese estado, era obviamente incómodo. Volvió a sentarse, pero lejos de ella.

-¿Y si me quedo aquí?- Preguntó, con un hilo de voz.

-No, gracias.- Respondió Samuel, despectivo, sin mirarla.

Verónica, un poco ofendida por la respuesta, lo observó, esperando que sus ojos se encontraran en algún momento. Como eso no ocurrió, insistió.

-Es lo único que se me ocurre.- Dijo.- Además, no es mi culpa que sigas resentido por lo que pasó hace tanto tiempo también…

De pronto, Samuel se puso de pie con fuerza. Sin mirar a Verónica, abandonó la sala.

-Voy a hablar con mi tía.- Le dijo.

*****


Años atrás…

Aquel día, Samuel y Verónica cumplían tres meses de pololeo. Sin embargo, todo había cambiado dos semanas atrás, cuando ella le entregó una carta a mi hijo, declarándole lo incómoda y poco querida que se sentía últimamente con él. Desde entonces, habían transcurrido dos semanas en las cuales no tuvieron ningún tipo de contacto. Finalmente, ese día era cuando Samuel debía responder a la carta. Tomando valentía, y siguiendo su principio de siempre decir las cosas a la cara, se enfrentó a Verónica sin cartas de por medio.
A las 19:30 hrs., como de costumbre, Samy acompañó a su polola de camino a casa. Durante dos semanas no realizaron esa actividad juntos, por lo que ahora parecía un poco extraño.

-¿Qué piensas de la carta?- Preguntó la chica, comenzando ella con la ronda de preguntas.

-Antes que nada.- Respondió Samuel, aún inseguro de sus palabras.- Quiero decirte que me cargó que me hayas mandado una carta ¿Me tienes vergüenza como para no decirme lo que sientes a la cara?

-Es que… No es eso… Pero ya da lo mismo.- Reiteró ella.- Ya te pasé la carta.

-Pero me gustaría que de ahora en adelante me digas tú misma lo que sientes, y no leerlo indirectamente.

-¿Ahora en adelante?- Preguntó, extrañada y dura a la vez.- No sabemos siquiera si esto va a continuar…

Al escuchar esa frase, un nudo se formó en la garganta en Samuel. Esperó bastante tiempo antes de hablar, pues no le gustaba demostrar sus sentimientos de esa manera. Luego, continuó.

-Yo…- Dijo, con un hilo de voz.- Yo estoy seguro de lo que siento. Honestamente, aún no me doy cuenta cuándo fue que cambió todo. Yo te sigo demostrando mi amor tal como el primer día…

-Pero yo no lo siento así…- Interrumpió Verónica.

El resto del camino, ninguno de los dos hablo. Por primera vez en tres meses, Samuel realizó el camino con la vista en el suelo, y no en su querida polola. Tenía la mente en blanco... No quería pensar, pues si lo hacía, lo entristecería más.
Luego de un rato, llegaron a la casa de Verónica… Era momento de despedirse.

-¿Quedamos como amigos?- Preguntó Samuel, en voz baja, para que no se quebrara ésta.

-En verdad, no creo que podamos ser amigos…- Respondió Verónica, quitando toda posibilidad de relación con Samuel.- Después de todo, realmente no lo creo posible. Chao…

-Chao…- Respondió Samuel, con tristeza, dándole la espalda para dirigirse a su casa.

Esa noche, Samuel no lloró, pero se notó muy raro en la cena. Al día siguiente, siguió notándose raro, pero tampoco demostró sus sentimientos. Sin embargo, mi esposa y yo notábamos que algo le pasaba. Finalmente, al tercer día, Victoria decidió acercarse para conversar con él. Ambos se encerraron en la habitación de Samy, para que pudiera estar tranquilo.

-¿Puedo pasar?- Preguntó mi mujer, en el umbral de la habitación, mientras Samuel escribía algo en un cuaderno rojo.

-Sí, pasa.- Respondió levantando la mirada.

De inmediato, Victoria cerró la puerta. Samuel, al presenciar este gesto, supo que era algo serio. Se apartó de lo que estaba haciendo antes y se acercó a su madre, quien se sentó a su lado.

-Tu papá y yo hemos notado que andas raro últimamente.- Comentó mi esposa, mirando tiernamente a su hijo.

-¿Por qué?- Preguntó él, fingiendo fortaleza.

-No lo sé… Andas menos alegre, un poco torpe y hasta menos sarcástico.- Dijo, enumerando las características del comportamiento de Samuel en esos días.- ¿Pasa algo en el colegio? ¿Con tus amigos?... ¿Con al Vero?

Al mencionar ese nombre, mi esposa pudo descubrir lo que realmente pasaba con Samuel. Casi instantáneamente, él se lanzó a los brazos de ella y lloró, liberando toda la tristeza reprimida esos días. Victoria, mezclando sus sentimientos de tristeza por Samuel y rabia por Verónica, acarició la cabeza de su hijo. Una vez él se tranquilizó, continuaron la conversación.

-¿Por qué terminaron?- Preguntó ella, curiosa, pero con delicadeza.

-Eso es lo que más me entristece…- Comentó mi hijo, secando sus lágrimas.- Nunca me quedó claro por qué. Ella decía que yo la había dejado de querer, que ya no era lo mismo y qué sé yo qué más…- Finalizó, con cierta rabia en su tono de voz.

-Voy a ser honesta contigo. Yo nunca me fié de la Vero. Las pocas veces que la vi, siempre escondía su mirada, ocultando secretos…- Dijo Victoria, dejando libre el pensamiento que tuvo la primera vez que vio a la chica.

A pesar del duro comentario, Victoria sonrió a su hijo para darle fuerzas. Él sonrió también, ahora se sentía mucho mejor que hace algunos días. Lo que Samuel no sabía, era que todo ese drama recién comenzaba, y que en un tiempo más, toda esa pena se transformaría en rencor…


*****


8 de enero, esa misma noche

Cuando entró a la cocina, Samuel vio a su tía, a su prima, a Samantha y a Esteban impacientes. Éste último había vuelto del club sin ser descubierto.
A penas cruzó el umbral, las cuatro miradas se clavaron en él. La primera en acercarse fue Tatiana, que se notaba ansiosa y nerviosa a la vez.

-¿Qué vamos a hacer con ella?- Preguntó, acercándose a su sobrino.

-Quiere quedarse…- Respondió Samy, sin expresión definida en el rostro.

-¡Qué patuda!- Exclamó Carolina, sin moderar la intensidad de su voz. Su hermano la hizo callar.



-¿Qué dices tú?- Interrogó Tatiana a Samuel, una vez más, preguntándole su opinión.

Durante un rato, Samuel pensó en qué responder. Obviamente, no quería que esa muchacha se quedara a dormir esa noche en casa, ya que le traía malos recuerdos, además no correspondía. Lo correcto era avisar a sus padres, pero no podía evitar sentir pena por ella. Siguiendo a su instinto, respondió a la pregunta de su tía.

-Avísenle a sus papás. El número de ellos está en mi celular.- Dijo, sorprendiéndose por la repentina utilidad de ese número que en algún momento pensó en borrar.- Voy a seguir hablando con ella, para que no sospeche.

Samuel abandonó la cocina rápidamente, dejando gran ajetreo a sus espaldas. Pudo escuchar el principio de la conversación de su tía con sus padres, y no pudo evitar sentirse mal por Verónica. Cerrando los ojos, se convenció de que estaba en lo correcto.
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MensajeTema: Re: [The Scientist] Capítulo 3: Samuel´s Creek   Vie Ene 09, 2009 10:06 pm

Años atrás…

Ese día se cumplían un poco más de dos meses desde la ruptura de Verónica y Samuel. Durante ese tiempo, ambos adoptaron conductas totalmente contrarias: por un lado, Samuel estuvo terriblemente triste y nostálgico los primeros días, pensando a cada momento en la chica que le había roto el corazón. Pero, al pasar el tiempo, comenzó a conocer nuevas personas y amigos, dejando de lado su pesar por la pérdida de su primer amor; Verónica, por otro lado, se notaba segura y tranquila los primeros días, pero todo cambió con el pasar del tiempo, pues se alejaba cada vez más de sus amigos y conocidos, volviéndose una persona triste y nostálgica, como lo había estado mi hijo los primeros días.
Aquel extraño día, Verónica se acercó a Samuel tímidamente, sin mucha confianza en sí misma. Aún no estaba segura de lo que diría, pero su objetivo era claro: al terminar con Samuel había cometido un grave error y ahora sólo deseaba recuperarlo.

-Hola.- Murmuró al chico, que iba acompañado de Simona, su mejor amiga.

-Hola.- Le respondió él, extrañado al verla de repente.

-Sabes que necesito hablar contigo…- Agregó, para luego mirar a Simona.- A solas.

Simona, que durante todo ese tiempo se había sentido mal por aquella chica, se apartó y se acercó a otro de sus amigos, dejando solos a los chicos.

-¿De qué quieres hablar?- Preguntó Samuel, con naturalidad, pero sin la ternura con la que solía hablarle.

-Es que…- Verónica dudó un momento, pero luego siguió, procurando pensar antes de hablar.- Este tiempo, me he sentido súper mal, por… Por como terminamos.

Sin darse cuenta, habían comenzado a transitar el tradicional camino hacia la casa de Verónica, aquel recorrido que hacían a diario mientras estuvieron juntos.

-Los primeros días.- Continuó Verónica, luego de un silencio.- Yo estaba súper tranquila… Era obvio también, si yo había terminado contigo. El problema fue que, al pasar el tiempo, me empecé a sentir sola… Vacía. Sabía que me hacías falta tú.

Al escuchar esa última oración, Samuel se dio cuenta de lo que Verónica quería sacar de esta conversación. En un principio, esto le molestó un poco, pero continuó escuchando a Verónica.

-Lo que te quiero preguntar es si… Si te gustaría que volviéramos



Finalmente, Verónica dijo lo que tanto temía mi hijo que dijera. Él no quería volver con ella. Por alguna razón, estando sin ella se sentía más libre, más tranquilo. A pesar de que la quería mucho, durante su época de pareja muchas veces dudó de la relación, pues Verónica era extremadamente conflictiva y buscaba motivos para pelear en cualquier cosa.

-Mira…- Comenzó Samuel, calculando cada palabra, como siempre lo hacía.- Lo que pasa, es que yo no quiero volver contigo… Estoy bien ahora…

Estas breves oraciones hicieron llorar a Verónica. A pesar de que se esforzó por ocultar sus lágrimas, igualmente Samuel se dio cuenta de éstas, las que lograron conmoverlo. Abrazó a Verónica, como solía hacerlo antes, y miró al frente, con un tremendo sentimiento de culpa. Caminaron así largo rato, hasta que se sentaron en las mismas bancas que se sentaban siempre… Verónica no paraba de llorar.

-Tranquila.- Le decía Samuel, conmovido por la actitud de ella.- Mira, hoy yo no quiero estar con nadie, porque me siento tranquilo así. Pero te prometo, que si me siento preparado nuevamente para estar con alguien, serás la primera en saberlo.

Aquellas palabras salieron de la boca de Samuel sin ser calculadas, por lo que se sintió arrepentido de haberlas dicho. Sin embargo, valieron la pena, pues Verónica se tranquilizó.

-Ya.- Pronunció Verónica, de repente.- Yo me voy, me deben estar esperando en la casa.- Y una vez terminada la oración, se puso de pie y se dirigió a su hogar. Pero, a poco andar, comenzó a tambalearse y, sin previo aviso, se desmayó. Samuel, alarmado, corrió a la casa de los padres de ésta a pedir ayuda. En poco tiempo una ambulancia estuvo en el lugar, para llevarse a Verónica al hospital.

Caminando de un lado a otro, Samuel esperaba impaciente conocer el estado de Verónica. Los padres de ella estaban sentados en unas bancas cercanas, junto a mi esposa y a mí, que habíamos llegado rápidamente al enterarnos de la noticia.
De pronto, el médico que estaba a cargo de Verónica salió por unas puertas dobles, en busca de alguien. Samuel se acercó inmediatamente.

-¿Eres el novio de la chica?- Preguntó el doctor.

-Sí… O sea, lo era.- Respondió Samuel, nervioso.

-Puedes estar tranquilo.- Lo calmó.- La chica está bien… Y su bebé también.- Agregó.

-¿Bebé?- Dijo Samuel, mientras los padres de la chica y nosotros nos acercábamos.

-¿No sabían que estaba embarazada?- Preguntó el doctor.

En ese momento, muchas cosas ocurrieron a la vez. Samuel se giró para mirarnos con evidente incredulidad. Yo, sorprendido, miré a Victoria, que hizo lo mismo. Los padres de Verónica miraron amenazadoramente a Samuel, quien se percató de la mirada de ellos.
Así fue como mi hijo se enteró de que su ex novia estaba esperando un hijo… El único inconveniente fue que no era su hijo, pues nunca habían tenido sexo. Decepcionado, Samuel preguntó si podía pasar a ver a Verónica.


*****


8 de enero, esa misma noche.

Cuando Samuel volvió al salón, Verónica continuaba sentada en el mismo lugar. Al escucharlo entrar, se giró para verlo. Restándole importancia, volvió a mirar el suelo, como lo había estado haciendo durante mucho rato.
Samuel se sentó en un sofá en frente de la chica. Se inclinó hacia delante para observarla. Era hermosa. Siempre lo había sido. A pesar del estado en el que se encontraba, tan descuidada y de aspecto miserable, aún tenía cierto atractivo para Samuel.
Realmente, mi hijo no había tenido noticias de ella desde aquella noche en que se enteró de que estaba embarazada. Por alguna razón que desconoce, Verónica no asistió a clases al día siguiente, ni al siguiente, ni el resto de la semana, ni del mes… Ni del año. Intentó contactarse con los padres, pero estos no respondían a los llamados. Habló con las amistades de la chica, pero ninguna tenía noticias de ella. Finalmente, se dio por vencido. Realmente, esa era la primera vez que la veía en casi dos años. Ahora que la tenía en frente, era momento de aclarar sus dudas.

-Vero…- Comenzó, para llamar la atención de la chica, que levantó la vista.- Mi tía accedió a que te quedaras en la casa.- Mintió.

Al escuchar esa falsa noticia, Verónica sonrió con tranquilidad.

-Gracias.- Murmuró. Silencio.

-Necesito saber algo.- Dijo Samuel, interrumpiendo el repentino silencio creado.- ¿Qué ocurrió contigo luego de aquella noche?

Verónica, con mirada calmada, observó a Samuel. Sabía que tarde o temprano él haría esa pregunta, por lo que había preparado su relato.

*****


Años atrás…

Verónica parecía descansar sobre la cama del hospital que la había acogido ese día. Parecía, pues realmente no descansaba. Estaba realmente inquieta pues Samuel ya debía saber la verdad.
Hace unos meses, luego de terminar con Samuel, comenzó una relación clandestina con un tal Ricardo. No quería hacerla pública, pues todos pensarían que había terminado con Samuel para estar con otro hombre, lo que la haría ver como la malvada de la historia y ella no quería eso. En cambio, si veían que ambos seguían solos, pensarían que la culpa fue de ambos por igual, lo que le resultaba más cómodo.
En un arranque de estupidez, luego de un mes de salir con Ricardo, ella cedió ante la petición de él de que tuvieran sexo. Engañada por el chico, lo hicieron sin protección, por lo que ella quedó embarazada casi al instante. Al enterarse de la noticia, Verónica entró en una gran depresión, por lo que se veía triste por los pasillos del liceo, lo que se hizo aún más evidente cuando Ricardo la dejó.
De pronto, una malvada idea vino a su cabeza. Podría volver con Samuel, engañarlo para que perdiera la virginidad con ella, y convencerlo de que esa era su hijo. Como lo conocía muy bien, sabría que él aceptaría su paternidad y la apoyaría en todo. El único problema surgió al conversar con él y darse cuenta de que lo había perdido.
Verónica pegó un salto al escuchar la puerta de la sala abrirse. Deseó que fuese una visita para uno de los otros pacientes en ese dormitorio, pero no lo era. La persona que entró a visitarla fue Samuel, con evidente enfado en su rostro.

-Supongo que ya lo sabes todo.- Dijo ella, sin atreverse a mirarlo de frente.

-Sólo que estás embarazada.- Respondió el chico, mirándola fijamente, esperando que sus miradas se encontraran.- Me gustaría saber cuándo planeabas decírmelo y qué tengo que ver yo con ese bebé, si nunca he estado contigo.

-Sí has estado conmigo.- Bromeó ella.- En este momento estás conmigo y un montón de personas enfermas que no conoces.

-Sabes a que me refiero.- Contestó Samuel, sin reírse.

En ese momento, Verónica levantó la vista. No tenía lágrimas en los ojos, pero sí un gran dejo de resignación. Comenzó a contar la historia desde el momento en que terminó con mi hijo, pasando por su experiencia con Ricardo, hasta llegar a su maquiavélico plan. Éste último sorprendió a Samuel por el nivel de maldad que tenía.

-¿Qué dices?- Preguntó la joven.

-Es decir que…- Recapituló Samuel.- Me dejaste por un maldito bastardo, el que te dejó embarazada, te abandonó y además me querías engañar, diciendo que ese era mi hijo.

Durante un rato, ninguno de los dos habló. Para Samuel era difícil creer que la chica a la que tanto había amado era en realidad una perra calculadora. Como siempre lo hacía luego de este tipo de noticias, sacudió su cabeza, en señal de liberarse y encaró nuevamente a Verónica.

-No tengo nada más que decir que realmente me decepcionas.- Pronunció Samuel, enfatizando cada palabra.- Si te veo, será porque me obliga el hecho de que estamos en el mismo curso. Espero que te cambies pronto.- Dijo, dándole la espalda a Verónica. Pero antes de salir de la sala, ya desde el umbral, se giró para decirle las últimas palabras a Verónica.- Y si te preocupa mucho tu reputación, quédate tranquila, no le contaré nada a nadie. Diré que querías hablar conmigo porque tienes problemas en matemáticas y quieres ayuda. Sobre tu bebé no diré palabra alguna… Es problema tuyo cómo ocultarás tu embarazo.

Esa noche, la vida de Verónica Miranda cambió rotundamente. Si antes había sido infeliz, ahora lo era aún más. Se convenció de que era una estúpida por haber cambiado a Samuel por un “maldito bastardo”, como lo llamaba él.
Al rato, llegaron sus padres para buscarla y llevarla a casa. Durante todo el camino no pronunció palabra alguna. Miraba el exterior a través de la ventana, como sabía le gustaba hacer a Samuel. Por alguna razón, desde entonces, cada pequeño detalle le recuerda a mi hijo.

Al pasar el tiempo, la barriga de Verónica comenzó a crecer por su embarazo. Debido a sus graves problemas de trastornos alimenticios, quiso practicar un aborto, pues entendía que luego de eso se transformaría en una verdadera bola de grasa. Recurrió a un centro clandestino de abortos para deshacerse de su bebé. Todo resultó sin problemas, por lo que mintió a sus padres y les dijo que había perdido al bebé. Para eso sólo fue necesario un par de lágrimas de cocodrilo y los adultos se convencieron de que ella realmente quería al bebé, cosa totalmente falsa.
Meses después, su bulimia comenzó mezclarse con la ausencia de comida, es decir, también se estaba transformando en anoréxica. Sus padres se dieron cuenta de esto a tiempo y la llevaron a un centro de rehabilitación. Ahí estuvo algunos meses, hasta que una noche se escapó.
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MensajeTema: Re: [The Scientist] Capítulo 3: Samuel´s Creek   Vie Ene 09, 2009 10:07 pm

8 de enero, esa misma noche.

Es precisamente esa noche la que está viviendo Samuel en este momento. Le dolió un poco recordar todo lo ocurrido hace unos años, pero era necesario, pues debía entender cómo Verónica había llegado a encontrarse en ese estado. Tocaron el timbre.

-Voy a abrir la puerta.- Anunció Samuel. Sabía de quién se trataba.

Se puso de pie y caminó hacia la puerta. La abrió y dejó pasar al personal del centro de rehabilitación donde había estado Verónica, seguidos de los padres de ésta.

-¿Dónde está?- Preguntaron los hombres vestidos de blanco.

-En la sala.- Murmuró, para que Verónica no escuchara… Pero era demasiado tarde.

Cuando el personal del centro de rehabilitación llegó a la sala, sólo alcanzó a ver la silueta de Verónica corriendo hacia la cocina. En ese momento, comenzó una persecución que las paredes de la casa de los Mayer recordarían por siempre. El personal corrió en dirección hacia la cocina, donde esperaban encontrar a Verónica. Sin embargo, la única presente en esa habitación era Carolina, que se veía asustada.

-Salió al patio.- Dijo, aturdida.- Tiene una cuchilla.- Murmuró.

Nuevamente, el personal corrió hacia el patio, seguidos por los padres de Verónica y Samuel. Cuando llegaron afuera, les costó adaptarse un poco a la oscuridad, pero el desesperado grito de la madre de la chica era señal de que obviamente algo andaba mal. Cuando mi hijo pudo ver con claridad, observó algo que lo dejó atónito: sobre la antigua casa del árbol de su primo, iluminada por la luz de la luna, Verónica sostenía un cuchillo en una de sus manos. Se sorprendió al ver a sus padres y a Samuel ahí. Una lágrima rodó por su mejilla.

-Siento que tengan que ver esto, papás.- Dijo, tomando el cuchillo con ambas manos.- Lo siento, Samy…- Murmuró, antes de quitarse la vida brutalmente.

Un grito desesperado surgió desde las cuerdas bocales de la madre de Verónica. Ver como su hija había tomado ese cuchillo con las manos y lo había enterrado en su estómago para quitarse la vida la había impactado. El padre de la chica comenzó a llorar en silencio, mientras el personal del centro de rehabilitación subía a la casa del árbol para recoger el cuerpo de Verónica. Arriba se dieron cuenta de que no había nada que hacer.
Esa noche, una tragedia tiñó de rojo las paredes de la casa de los Mayer. A pesar de todos los intentos de Tatiana, la noticia se expandió rápidamente gracias a los periódicos locales a la mañana siguiente, por lo que mucha gente concurrió al velorio de Verónica y también a su entierro.
Lo extraño era que, dentro del grupo que fue no se encontraba mi hijo. Por el contrario, Samuel se quedó en su habitación. Estaba sentado en el umbral de su ventana cuando vio el féretro de Verónica en el interior del auto fúnebre que la llevaría a la iglesia. Lo seguían los autos de los padres, de su tía y muchos otros que nunca había visto.
Con cierta aflicción, salió de la ventana y abrió el cajón de la mesa de noche al lado de su cama. Sacó varios documentos, trabajos escolares pasados, pruebas, etc. Para encontrar lo que buscaba: una fotografía de Verónica. La observó un rato, sin expresión en el rostro. Volvió a su ventana, se sentó y alternaba la vista entre la fotografía y el horizonte.
Intentaba no pensar, pero la potencia de sus reflexiones se lo impedía. “Ésta, la de la foto, es la Verónica de la que me enamoré… Mi Verónica”, pensó, “La de anoche no era Verónica. Algo ocurrió, en algún momento todo cambió y no me pude dar cuenta… O quizás siempre fue así, nunca lo sabré. Porque como todos dicen, el amor vuelve oscuridad la luz e improbable lo evidente”.
Así, Samuel Francisco Rodríguez Ortiz realizó un funeral paralelo. Lo de anoche le sirvió para darse cuenta de que Verónica había cambiado mucho… Ya no era la persona a la que amó… O creyó amar. A forma de despedida, arrugó la foto de su difunta ex polola y la lanzó con tristeza y furia mezcladas. Así terminaba la tortuosa primera relación amorosa de mi hijo.
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MensajeTema: Re: [The Scientist] Capítulo 3: Samuel´s Creek   Sáb Ene 10, 2009 1:30 am

=O
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MensajeTema: Re: [The Scientist] Capítulo 3: Samuel´s Creek   Sáb Ene 10, 2009 1:34 am

qe miedo de verdaad
le juro qe me mató
era verdad qe qedaria traumá Shocked

pero esqe demaciaaao =| desde la clase de religion hastaa la parte de... bueno eso..
como qe me llegó eso de la..cosa esa Crying or Very sad y palabraas qe deciaaa como qe no sé de verdaad qedé
maaal Crying or Very sad
esqe no sé pero le juro qe amé esta cosa Very Happy
y morí con lo de maldito bastardo xD

en fin =)
cumpli con leer
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Kurtis XY
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MensajeTema: Re: [The Scientist] Capítulo 3: Samuel´s Creek   Sáb Ene 10, 2009 10:45 am

Se me olvidó aclarar que

Cualquier relación con la realidad es sólo coincidencia

xDDDDDDDDDDDDDDD
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NiKoX



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MensajeTema: Re: [The Scientist] Capítulo 3: Samuel´s Creek   Miér Ene 14, 2009 2:44 pm

Estuvo bastante intenso el capítulo! Shocked
No pensé que se iba aterminar matando, y menos en frente de todos Shocked

Muy buen capítulo Very Happy
Espero el siguiente!
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[The Scientist] Capítulo 3: Samuel´s Creek

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